sábado, 28 de abril de 2018

Todo el mundo tiene un pene





"Cuando Sophie acudió a la escuela con sus dos trenzas largas y pulcras balanceándose detrás de ella, no perturbó las expectativas de nadie. En cambio, cuando la psicóloga Sandra Bem envió a la guardería a su hijo de cuatro años, Jeremy, con los pasadores que él le había pedido que le pusiera en el pelo, un niño de su clase lo persiguió sin parar de repetir que "sólo las niñas llevan pasadores". Jeremy le respondió con buen criterio que  los pasadores no importaban. Él tenía pene y testículos y eso lo convertía en un niño, no en una niña.. Su compañero de clase, sin embargo, seguía sin estar convencido y, en un momento de exasperación, Jeremy se bajó los pantalones para demostrar que era un niño. Tras echar un rápido vistazo, su compañero le dijo: "Todo el mundo tiene un pene. Sólo las niñas llevan pasadores". En la cultura occidental contemporánea la mayoría de los niños empiezan a resistirse a los objetos, colores y peinados codificados como femeninos en cuanto están seguros de su identidad sexual, a la edad de tres años. El compañero de Jeremy paree haberse hecho un lío con los penes y las vulvas, pero se mantiene firme en la convención social. En este contexto, el pasador deja de ser un utensilio inofensivo para convertirse en un objeto de subversión de género. Para la filósofa Judith Butler el pasador de Jeremy representaría una especie de "performatividad", el género como hacer, no como ser. 

Siri Hustvedt, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres.


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