jueves, 28 de diciembre de 2017

El hombre ha sido creado para la dicha





"Durante su cautiverio en la barraca, Pierre descubrió, no por medio de la inteligencia, sino con todo su ser, con la vida misma, que el hombre ha sido creado para la dicha, que ésta reside en él, en la satisfacción de las necesidades naturales, y que todas las desgracias provienen del exceso y no de la falta de cosas. Pero después, durante aquellas tres semanas de marcha, se enteró de otra verdad consoladora: que no hay nada temible en este mundo. Supo que lo mismo que no existe en la tierra una situación en que el hombre sea feliz y completamente libre, tampoco hay ninguna  en que sea totalmente desgraciado y esclavo. Comprendió que hay un límite para el sufrimiento y otro para la libertad y que ambos están muy cerca; que el hombre que sufre porque en su lecho de rosas se ha doblado un pétalo, sufre exactamente igual que sufría Pierre al tratar de dormirse en la tierra húmeda y de calentarse por un lado mientras se le enfriaba el otro. Cuando se ponía zapatos de baile demasiado estrechos padecía igual que ahora que iba descalzo (hacía bastante que sus botas se habían destrozado) y tenía los pies lacerados. Comprendió que cuando se casó, por su propia voluntad según creía, no era mayor su libertad que ahora que lo habían encerrado en una cuadra. De todo lo que pasó, que posteriormente también él llamaba sufrimiento, a pesar de que casi ni se dio cuenta de ello mientras lo vivió, fueron sus pies descalzos, lacerados y llenos de ampollas los que lo hicieron sufrir más. (La carne de caballo era buena y alimenticia, el salitre que empleaba en lugar de sal hasta resultaba agradable; no pasaba demasiado frío; de día, durante las marchas, siempre hacía calor, y de noche encendían hogueras; los piojos que le picaban calentaban su cuerpo.) Lo único penoso durante los primeros tiempos fueron sus pies doloridos.

Al día siguiente de la salida de Moscú, cuando se miró las ampollas de los pies a la llama de la hoguera, pensó que no podría dar un solo paso más. Pero en el momento en que todos se levantaron, echó a andar y cojeó hasta que se le calentaron los pies; después ni siquiera sintió dolor, a pesar d eque al anochecer daba horror ver el estado en que se hallaban. Pero Pierre no se miraba los pies y tartaba de pensar en otra cosa.

Sólo entonces comprendió toda la fuerza vital del ser humano y esa capacidad beneficiosa de cambiar de atención que tiene el hombre, semejante a la válvula de seguridad de las máquinas de vapor, que despiden el exceso de éste cuando su presión sobrepasa la medida normal.

Pierre no había visto ni oído el fusilamiento de los presos rezagados, a pesar de que habían caído más de ciento de esta forma. No pensaba en Karataiev, que se debilitaba a cada momento, y que sin dudad no tardaría en correr la misma suerte. Y aún menos en sí mismo. Cuanto más penosa se volvía su
situación y más terrible se le presentaba el porvenir, más alegres y consoladores eran sus pensamientos, sus recuerdos y sus ilusiones, independientemente de cuanto lo rodeaba."

Tolstói, Guerra y paz II




1 comentario:

  1. Una gran alegría que reanudes las publicaciones en tu maravilloso blog. GRACIAS.

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