miércoles, 18 de octubre de 2017

Todo era claro y sencillo





"Después de haberse presentado al jefe de haber recibido el mando de su antiguo escuadrón, una vez que se hubo introducido de nuevo en los pequeños intereses del regimiento, cuando se sintió privado de libertad, cuando se vio en aquel marco estrecho e inmutable, Rostov experimentó el mismo sosiego y la misma seguridad que al estar bajo el techo paterno. En el regimiento no existía ese desorden de la vida libre en que Rostov no se sentía en su elemento y se equivocaba en sus elecciones; no estaba Sonia, con la que debía o no explicarse. Era imposible dejar de ir a algín sitio, si lo habían mandado a uno, no se tenían las veinticuatro horas del día para disponer de ellas a su antojo, no existía esa multitud de seres que le tenían a uno en cuidado, ni esas relaciones indefinidas con su padre referentes al dinero. Además nadie le recordaba la tremenda cantidad que había perdido jugando con Dolojov; todo era claro y sencillo. El mundo entero estaba dividido en dos partes iguales. una, el regumiento de Pavlograd, y la otra, todo lo demás. Rostov nada tenía que ver con la segunda parte. En el regimiento uno lo sabía todo; quién era bueno, quién malo y, sobre todo, quién era un buen camarada. El cantinero servía a crédito; cada cuatro meses se percibía la paga y no se podían tener caprichos. Pero, desde luego, era preciso no hacer nada que se juzgara malo en el regimiento de Pavlorgrad. Uno tenía que cumplir lo que le mandasen con exactitud, y entonces todo marchaba bien."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


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