viernes, 13 de octubre de 2017

La clase militar






"La Biblia nos enseña que la ausencia de trabajo, la ociosidad, era la condición de beatitud del primer
hombre antes de su caída. El amor a la ociosidad sigue siendo el mismo en el hombre caído, pero la maldición pesa sobre él, no sólo porque debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque, por nuestras propiedades morales, no podemos ser felices permaneciendo ociosos. Una voz misteriosa dice que debemos sentirnos culpables al estar ociosos. Si el hombre pudiese encontrar un estado en el que, permaneciendo ocioso, se sintiera útil y cumplidor de su deber, hallaría una parte de su dicha primitiva. Una clase entera, la clase militar, goza de ese estado de ociosidad obligatoria e irreprochable.  Y precisamente en ella estriba el atractivo del servicio militar.
Nikolai Rostov experimentaba esa dicha desde 1807, pues continuaba su servicio en el regimiento de Pavlograd, donde mandaba ya el antiguo escuadrón de Denisov.
Rostov  se había convertido en un muchacho bondadoso, de maneras rudas, a quien los conocidos de Moscú encontraban un poco mauvais genre, pero tanto sus camaradas como los subalternos y los jefes lo querían y lo respetaba y él estaba satisfecho de su vida. En los últimos tiempos, en 1809, su madre se quejaba con más frecuencia en las cartas; le decía que los asuntos iban de mal en peor y que ya era hora de que regresara para consolar y tranquilizar a sus viejos padres.
Al leer estas cartas, Nikolai tenía miedo de que quisieran sacarlo de aquel medio en el que , habiéndose aislado de las preocupaciones, vivía tranquilo y dichoso. Presentía que tarde o temprano tendría que volver a entrar en aquel engranaje de la vida con sus asuntos, las cuentas con los administradores, las discusiones, las intrigas, las relaciones, la sociedad y el amor por Sonia y su promesa. Todo esto se presentaba terriblemente difícil y embrollado y contestaba a su madre po medio de cartas frías y clásicas que comenzaban con: "mi querida mamá" y terminaban por "su obediente hijo", sin decir cuándo pensaba regresar."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


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