sábado, 17 de septiembre de 2016

Mi biblioteca es mi reino





"Durante los diez años siguientes, Michel de Montaigne pasó la mayor parte de su tiempo en aquella torre. Unos peldaños escalera caracol arriba y cesaban el ruido y las conversaciones de la casa, y ya nada sabía él de los asuntos que le molestaban. Y es que "yo tengo un corazón tierno, que fácilmente se inquieta. Cuando se ocupa de algo, puede matarlo el choque con una mosca". Si Montaigne mira a través de la ventana, ve abajo su huerto, el patio de la hacienda y a sus criados en él. Pero a su alrededor, el espacio circular, no hay más que libros. Una buena parte los ha heredado de La Boétie, los demás los ha comprado él. Y no es que se pase todo el día leyendo, es que la conciencia de su companía ya le hace feliz.
"Saber que puedo alegrarme con ellos cuando me plazca hace que me sienta satisfecho con su posesión. Nunca voy de viaje sin libros, ni en tiempos de guerra ni en tiempos de paz. Pero  a menudo pasan días, y aun meses, sin echarles un vistazo. Con el tiempo y lo leeré, me digo a mí mismo, o mañana, o cuando me venga bien [...] He descubierto que los libros son el mejor avituallamiento que podemos llevar en el viaje de la vida."
Los libros no son como la gente, que le acosa y marea, y de la que cuesta trabajo librarse. Si no se les llama, no acuden; puede tomar en sus mano éste o aquél, siempre a su gusto.
"Mi biblioteca es mi reino, y aquí procuro reinar como soberano absoluto."
Los libros le dan su opinión, y él responde con la suya propia. Ellos expresan sus ideas y lo mueven a pensar. No le molestan, cuando calla; sólo hablan cuando les pregunta. Aquí está su reino, y ellos le sirven a su gusto.

Stefan Zweig, El legado de Europa.


2 comentarios:

  1. Claro, pero eso también era posible porque, mientras tanto, otros y otras (menos cultos, menos leídos, menos intelectuales) cocinaban para él, fregaban sus platos y le lavaban los calzoncillos. También sembraban el trigo y horneaban el pan que don Michel (entre libro y libro) se jalaba. Sugiero meditar sobre este fútil e intranscendente detalle.

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  2. Hola Sandra. La verdad es que tienes razón no era mi intención defender los privilegios de clase de Montaigne al compartir este fragmento. Mi interés en el personaje reside únicamente en la relación que tiene con los libros y la soledad. Un saludo y gracias por pasar por aquí y dejar tu opinión.

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