lunes, 21 de septiembre de 2015

La política de lo peor





"Con toda la furia de su ser, se lanza en medio de los acontecimientos y trata, uno contra millones, de invertir el giro de la rueda inmensa de la Revolución, que él mismo echó a rodar. 
Entender la maravillosa osadía de esta lucha en dos frentes, lo grandioso de esta doble posición, supera la capacidad de comprensión política de una naturaleza tan rectilínea como la de María Antonieta. Cuanto más osados se vuelven los memoriales que presenta, cuanto más diabólicos los consejos que da, tanto más se asusta su entendimiento, en el fondo sobrio. La idea de Mirabeau es que Belcebú eche al Diablo, aniquilar la Revolución por medio de su exceso, la anarquía. Como no se puede mejorar la situación, hay que empeorarla lo más rápido que se pueda -su tristemente famosa politique du pire [política de lo peor]-, igual que un médico que provoca la crisis con irritativos para así acelerar la curación. No hay que rechazar el movimiento popular, sino apoderarse de él; no combatir la Asamblea Nacional desde arriba, sino excitar secretamente al pueblo para que él mismo mande al diablo a la Asamblea Nacional; no esperar calma y paz, sino al contrario aumentar al máximo la injusticia y la insatisfacción del país y provocar así una fuerte necesidad de orden, el viejo orden; no retroceder ante nada, ni siquiera ante la guerra civil... Ésos son los consejos, amorales, pero políticamente clarividentes, de Mirabeau. Mas ante tal osadía, que anuncia resonante como una fanfarria: << Cuatro enemigos se acercan a paso rápido, los impuestos, la bancarrota, el ejército y el invierno; hay que tomar una decisión y preparase para los acontecimientos cogiendo sus riendas. En pocas palabras, la guerra civil es segura y quizá necesaria>>, ante tan osadas afirmaciones, el corazón de la reina tiembla. <<Cómo puede Mirabeau, o cualquier otros ser pensante, creer que nunca, y menos ahora, ha llegado el momento de provocar una guerra civil>>, responde espantada, y califica el plan de <<loco de punta a punta>>. Su desconfianza contra el inmoralista, dispuesto a recurrir a cualquier medio, incluso el más terrible, se vuelve poco a poco insuperable. En vano trata Mirabeau de <<sacudir con truenos este espantoso letargo>>, no se le escucha, y poco a poco, a su ira contra esta laxitud espiritual de la familia real se suma cierto desprecio por el royal bétail, el real borrego, por esa real naturaleza de  oveja que espera paciente a que llegue el matarife. Hace mucho que sabe que lucha en vano por esa corte vagamente dispuesta al bien, pero incapaz de una verdadera acción. Pero la lucha es su elemento. Él mismo, un hombre perdido, lucha por una causa perdida, y una vez arrebatado por la negra ola gritará de nuevo a los dos su desesperada profecía: <<¡Buen pero débil rey! ¡Desdichada reina! ¡Mirad el terrible abismo al que os conduce oscilar entre una confianza demasiado ciega y una excesiva desconfianza! Aún queda reservado a ambas partes un esfuerzo enérgico, pero será el último. Si renunciáis a él o si fracasa, un velo de luto cubrirá este reino. ¿Qué será de él? ¿Adonde irá la nave, golpeada por el rayo y arrastrada por la tormenta? No losé. Pero si yo mismo escapo al naufragio público, siempre me diré con orgullo, en mi retiro: me he expuesto a mi propia  ruina para salvarlo a todos. Pero ellos no lo han querido>>

Stefan Sweig, María Antonieta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada