miércoles, 1 de abril de 2015

Si queréis encontrar la calle del Cerezo




"Si queréis encontrar la calle del Cerezo, lo único que tenéis que hacer es preguntar al guardia que hay en el cruce. Cuando lo hagáis, se ladeará un poco el casco, se rascará pensativamente la cabeza y, señalando con un enorme dedo, enfundado en un guante blanco, os dirá:
-La primera a la derecha, luego la segunda a la izquierda, después otra vez a la derecha, y ahí está. Buenos días.
Y podéis estar seguros de que si seguís al pie de la letra sus instrucciones, ahí estaréis: en plena calle del Cerezo, con su hilera de casas a un lado, el parque al otro y, en medio, los cerezos que bailan mecidos por la brisa.
Si andáis buscando el número diecisiete -y lo más probable es que así sea, pues todo este libro trata precisamente de esa casa-, bien pronto la encontraréis. En primer lugar, porque es la casa más pequeña de toda la calle. Y, además, porque es la única que está un tanto destartalada y a la que no le vendría nada mal una buena mano de pintura. Ocurre que el señor Banks, su dueño, le dijo un día a la señora Banks que podría tener una casa bonita,limpia y cómoda o cuatro hijos. Pero no las dos cosas, porque no se lo podían permitir.
Y la señora Banks, tras pensárselo un poco, llegó a la conclusión de que prefería tener a Jane, que era la mayor, a Michael, que era el siguiente, y a John y a Barbara, que eran gemelos y fueron los últimos en llegar. Así quedaron las cosas, y, por eso, los Banks se mudaron al número diecisiete, junto con la señora Brill, para que se ocupara de hacerles las comidas; Ellen, para que pusiera la mesa, y Robertson Ay, para que cortara el césped, limpiara los cuchillos, sacara brillo a los zapatos y, como solía decier el señor Banks, "malgastara su tiempo y su dinero"."

P.L. Travers, Mary Poppins.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada