sábado, 12 de abril de 2014

Como si fuera de la más imperiosa necesidad




"Para los  que tienen una forma de ser racional, la moda es algo casi imposible de comprender. A lo largo de muchos periodos de la historia -tal vez de su  mayoría-, la sensación dominante es que el fin de la moda no ha sido otro que lucir un aspecto de lo más ridículo. Y si a ello se le suma sentirse lo más incómodo posible, mucho mejor.
Vestirse de manera poco práctica es como querer demostrarle al mundo que no tienes necesidad alguna de realizar trabajos físicos. A lo largo de la historia, y en muchísimas culturas, esta característica ha superado en importancia a la comodidad. En el siglo XVI, por tomar un ejemplo, se puso de moda el almidón. Y el resultado de su aplicación fueron esas majestuosas gorgueras escaroladas conocidas como lechuguillas. Las lechuguillas de mayor tamaño imposibilitaban prácticamente la deglución y obligaban al comensal a utilizar unas cucharas con un mango de longitud especial para llevarse la comida a la boca. Pero pese al famoso utensilio, a buen seguro muchos sufrirían turbadores accidentes y se quedarían con hambre a la hora de las comidas.
Incluso las cosas más sencillas podían llevar implícita una espléndida absurdidad. Cuando aparecieron los botones, hacia 650, fue como si la gente no fuera a hartarse nunca de ellos, pues los aplicaban en decorativa profusión en espaldas, cuellos y mangas de chaquetas, donde en realidad no cumplían función alguna. Una reliquia de aquella costumbre es esa breve fila de botones inútiles que siguen colocándose en la parte inferior de las mangas de las chaquetas, cerca del puño. Siempre han sido puramente decorativos y nunca han servido para nada, y a pesar de los trescientos cincuenta años transcurridos, seguimos cosiéndolos allí como si fuera de la más imperiosa necesidad."

Bill Bryson, En casa. Una breve historia de la vida privada.


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