miércoles, 4 de diciembre de 2013

Del infierno no se sale




"El papa Pablo III (1468-1549), sustituto de Clemente VII -el papa cafetero-, encargó a Michelangelo di Ludovico Buonarroti Simoni (1475-1564) decorar la bóveda de la Capilla Sixtina de la basílica de San Pedro, en el Vaticano. A medida que avanzaban las obras, el cardenal Biaggio de Cesana se quejó formalmente al Pontífice de que el artista estaba pintando desnudos a gran parte de los santos.
Molesto, el artista se vengó pintando al cardenal en el Infierno con enormes orejas de burro, una nariz descomunal y una serpiente enroscada en el pecho. De nuevo, el cardenal corrió a contárselo todo al Papa. Pablo III, que era un hombre con sentido del humor, replicó:
-Si os hubiera enviado al Purgatorio podría hacer algo, porque hasta allí llega mi poder para sacaros; pero en el infierno es imposible; de allí no se puede salir, hijo mío.
Y allí sigue el cardenal, pero con sus vergüenzas bien tapadas. Tal vez, su mayor temor es la profecía que Miguel Ángel hizo en forma de pregunta:
-¿Es que creéis que en el Día del Juicio Final los vestidos van a resucitar?"

Fernándo Garcés Blázquez, La historia del mundo sin los trozos aburridos.


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