jueves, 21 de noviembre de 2013

Todo lo que pasa es un milagro para el gitanillo






"El niño no se cayó al suelo, se fue de narices contra la pared. Desde lejos dijo tres o cuatro verdades a la mujer, se palpó la cara y siguió andando. A la puerta de otra taberna volvió a cantar:
Estando un maestro sastre
cortando los pantalones, 
pasó un chavea gitano
que vendía camarones.
Óigame usted, señor sastre,
hágamelos estrechitos
pa que cuando vaya a misa
me miren los señoritos.
El niño no tiene cara de persona, tiene cara de animal doméstico, de sucia bestia, de pervertida bestia de corral. Son pocos sus años para que el dolor haya marcado aún el navajazo del cinismo –o de la resignación- en su cara, y su cara tiene una bella e ingenua expresión estúpida, una expresión de no entender nada de lo que pasa. Todo lo que pasa es un milagro para el gitanillo, que nació de milagro, que come de milagro, que vive de milagro y que tiene fuerzas para cantar de puro milagro.
Detrás de los días vienen las noches, detrás de las noches vienen los días. El año tiene cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno. Hay verdades que se sienten dentro del cuerpo, como el hambre o las ganas de orinar" 


Camilo José Cela, La colmena.

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