jueves, 14 de noviembre de 2013

Pensé que estaría más solo sin el reloj




"Lo que hizo más larga mi primera noche en el mar fue que en ella no ocurrió absolutamente nada. Es imposible describir una noche en una balsa, cuando nada sucede y se tiene terror a los animales, y se tiene un reloj fosforescente que es imposible dejar de mirar un solo minuto. La noche del 28 de febrero -que fue mi primera noche en el mar- miré el reloj cada minuto. Era una tortura. Desesperadamente resolví quitármelo, guardarlo en el bolsillo par no estar pendiente de la hora. Cuando me pareció que era imposible resistir, faltaban veinte minutos para las nueve de la noche. Todavía no sentía sed ni hambre y estaba seguro de que podría resistir hasta el día siguiente, cuando vinieran en aviones. Pero pensaba que me volvería loco el reloj. Preso de angustia, me lo quité de la muñeca para echármelo al bolsillo, pero cuando lo tuve en la mano se me ocurrió que lo mejor era arrojarlo al mar. Vacilé un instante. Luego sentí terror: pensé que estaría más solo sin el reloj. Volví a ponérmelo en la muñeca y seguí mirándolo, minuto a minuto, como esa tarde había estado mirando el horizonte en espera de los aviones; hasta cuando me dolieron los ojos."

Gabriel García Márquez, Relato de un náufrago.

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