viernes, 22 de noviembre de 2013

El Pollo Morgan susurró su informe.




"A las nueve en punto ya estaba abriendo la peluquería. A las once y cuarto entró un majadero preguntando si había algún bazar oriental en las inmediaciones. Le dirigí hacia La Bamba, no sin antes proponerle, en vano, un lavado, un corte y un rasurado por el precio de un solo servicio. Ya no vino nadie más. A las dos cerré y fui a ver al Pollo Morgan.
—¿Alguna novedad?
Me dio la callada por respuesta. Ni siquiera se dignó bajar los ojos.
—¡Venga, hombre, que no nos ve nadie! —hube de insistir.
Sin apenas despegar los labios, el Pollo Morgan susurró su informe. A lo largo de la mañana pocas personas habían salido del edificio y menos habían entrado. De las que habían entrado, dos eran del grupo de las que previamente habían salido, y cuatro habían entrado sin haber salido antes, pero habían salido al cabo de un rato; una había entrado y todavía no había salido. De las que habían salido sin haber entrado, dos habían vuelto a entrar y los demás todavía no habían entrado."

Eduardo Mendoza, El enredo de la bolsa y la vida.

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