jueves, 5 de septiembre de 2013

Ulrich se levantó a la mañana siguiente con el pie izquierdo






"Pero esto va bien sólo en tanto no nos veamos precisados a dirigir la mirada desde la lejanía profética sobre la proximidad del presente, y a leer que entretanto un caballo de carreras se ha revelado genial. Ulrich se levantó a la mañana siguiente con el pie izquierdo, y con el derecho pescó a río revuelto la zapatilla. Esto le ocurrió en otra calle y ciudad, distintas de donde ahora vivía, hacía pocas semanas. Sobre el asfalto oscuro, bajo la ventana, pasaban veloces los automóviles; el aire puro de la mañana comenzaba a infectarse con los olores ácidos del día: parecía un absurdo inefable meterse en la luz lechosa que se filtraba entre las cortinas, para ponerse, como de costumbre, a doblar su cuerpo desnudo hacia delante y hacia atrás, a elevarlo de la tierra y a volver a posarlo accionando los músculos abdominales, y a descargar los puños contra el balón de boxeo, según hacen tantos hombres a la misma hora, antes de dirigirse a la oficina. Una hora al día es la duodécima parte de la vida consciente y basta para mantener un cuerpo entrenado en las condiciones físicas de una pantera dispuesta a cualquier aventura; pero esta distinción es inútil, porque una aventura digna de tal preparación no se presenta nunca. Lo mismo ocurre con el amor; el hombre se prepara para él de una manera exageradísima. Al final descubrió todavía Ulrich que también en la ciencia era él como un alpinista que escala toda una cordillera sin divisar el fin."


Robert Musil, El hombre sin atributos.

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