domingo, 15 de septiembre de 2013

Provisión de sueños insatisfechos






"Parece que el hombre verdaderamente práctico no ama sin reservas la realidad ni la toma en serio. De niño se esconde bajo la mesa cuando sus padres no están en casa y pretende, mediante este truco simple e ingenioso, dar a la habitación un aire de aventura; de adolescente sueña con un reloj; más tarde, teniendo ya el reloj de oro, con la mujer que haga juego con él; de adulto, cuando tiene ya reloj y mujer, con una posición elevada; y cuando se convierte en cabeza feliz de esta pequeña familia de deseos, y cuando la mueve tranquilo a una y otra parte como un péndulo, le parece que no ha disminuido en nada su provisión de sueños insatisfechos. Cuando desea elevarse, necesita de una alegoría. Cuando la nieve le molesta, la compara a los cándidos senos femeninos y, en cuanto llega a aburrirse de los pechos de la mujer, los compara a la blanca nieve: quedaría espantado si un día viera los pezones de su esposa transformados en cornudos picos de paloma o en corales engastados, pero en una comparación poética le seducen. Es capaz de transformar todo -la nieve en piel, la piel en pétalos, los pétalos en azúcar , el azúcar en polvo, el polvo otra vez en nieve- porque su única preocupación es, al parecer, ver en una cosa otra distinta, lo cual es una prueba de que no puede resistir largo tiempo en ningún lugar donde se encuentra."

Robert Musil, El hombre sin atributos. 

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