viernes, 16 de agosto de 2013

Ésta es mi vida, doctor Spielvogel, ésta es mi vida





"¡Esta gente es increíble, doctor! ¡Inconcebible! Esos dos son los más eminentes productores y empaquetadores de culpa de nuestro tiempo. La extraen de mí como se extrae grasa del pollo. «Que llames, Alex. Que vengas a vernos, Alex. Que nos tengas al día, Alex. No te vayas sin decírnoslo, por favor, no vuelvas a hacerlo. La última vez que te fuiste no nos dijiste nada, y tu padre ya quería llamar a la policía. ¿Sabes la de veces que te pudo llamar al día, sin obtener respuesta tuya? A ver si lo adivinas: ¿cuántas veces?» «Madre», pongo en su conocimiento, «si me muero, olerán el cadáver a las setenta y dos horas, te lo aseguro». «¡No hables de ese modo! ¡No quiera Dios que ocurra nada parecido!», grita. Ah, y ahora viene la guinda, lo que le garantiza el efecto, pero ¿cómo esperar otra cosa, cómo pedir lo imposible a la propia madre? «Alex, contestar al teléfono es una cosa la mar de sencilla. ¿Cuánto tiempo más crees tú que vamos a estar aquí, dándote la lata?»
Ésta es mi vida, doctor Spielvogel, ésta es mi vida; y resulta que toda ella pasa en un chiste de judíos. Soy hijo de un chiste de judíos, ¡pero sin ser ningún chiste! Por favor, ¿quién nos ha dejado así de tullidos? ¿Quién nos hizo tan morbosos y tan histéricos y tan débiles? ¿Por qué, por qué siguen gritando, todavía, «¡Cuida-do! ¡No, Alex! Alex, ¡no!»; y ¿por qué, yo solo, en mi cama, sigo meneándomela desesperadamente? Doctor, ¿qué nombre le daría usted a esta enfermedad que padezco? ¿Es eso, el sufrimiento judío de que tanto he oído hablar? ¿Es eso lo que me resulta a mí de los pogromos y las persecuciones, de las burlas y las vejaciones a que llevan dos mil encantadores años sometiéndonos los goyim 23? ¡Ay, qué secretos los míos, qué vergüenza, qué palpitaciones, qué sofocos, qué sudores! ¡Qué modo de reaccionar, el mío, ante las más sencillas vicisitudes de la vida humana! Doctor, no lo soporto más, no soporto vivir tan aterrorizado por nada. ¡Otórgueme la bendición de la virilidad! ¡Hágame valiente! ¡Hágame fuerte! ¡Hágame completo! Estoy harto de ser un muchacho judío la mar de simpático, de darles gusto a mis padres en público, mientras en privado me tiro del putz 24. ¡Ya está bien!"

23 Plural de goy
24 Tonto, necio; lit., «pene»


Philip Roth, El mal de Portnoy

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