sábado, 17 de agosto de 2013

A las tres de en punto de la madrugada








"Hasta las ideas más sublimes de Fitzgerald para la película las había cambiado ese terrible productor con ínfulas de guionista. Una prueba: en la novela Remarque había una escena en la que Bobby, uno de los personajes, por motivos que no venían al caso, se encontraba incómodo, fuera de lugar, en un night-club, pero toda su incomodidad era mental: nada de ella se veía. Fitzgerald replanteó esta incomodidad en términos de lo que la cámara podía captar y dio con el medio de que pudiera filmar realmente la pérdida de la compostura de Bobby. Mankiewicz hizo rodar la escena tal como Fitzgerald la había escrito. Ahora bien, cuando en el guión Bobby se reunía con sus amigos al día siguiente del desastre nocturno, uno de sus camaradas le consolaba con un consejo que venía a repetir lo que ya Fitzgerald había escrito, con su habitual talento, en The Crack-Up: "A las tres de en punto de la madrugada un paquete olvidado tiene la misma trágica importancia que una sentencia de muerte. Y en la verdadera noche oscura del alma siempre son las tres en punto de la madrugada, día tras día."
Pero en la película el consejo quedó reducido a estas palabras: "Olvídalo. Muy pocas cosas resisten un examen a las tres de la madrugada."
O sea que Mankiewicz reescribió la escena de Fitzgerald de tal forma que desapareció prácticamente toda la angustia de las tres de la madrugada."

Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada