miércoles, 20 de febrero de 2013

Y, una vez que vio eso, no fue capaz de ver otra cosa







"-Probablemente lo habrá hecho Vinesse -dijo Pierre refiriéndose al célebre miniaturista.
Y se inclinó hacia la mesa para coger la tabaquera, prestando atención al mismo tiempo a la conversación de la otra mesa.
Se había incorporado para rodear a Hélène, pero la tía le tendió la tabaquera por detrás de la muchacha. Ésta se inclinó hacia adelante para dejar sitio y volvió la cabeza sonriendo. Como siempre que asistía a un baile, llevaba un vestido muy escotado por delante y por detrás, según la moda de entonces. Su busto, que siempre le había parecido marmóreo a Pierre, se encontraba en aquel momento a una distancia tan corta de él que, involuntariamente, observó con sus ojos miopes todo el encanto vivo de sus hombros y de su cuello; sus labios estaban tan cerca que si agachara un poco la habría rozado con ellos. Notó el calor del cuerpo de Hélène, percibió su perfume y oyó el crujir de su corsé. No veía la belleza marmórea que formaba un conjunto con su vestido, sino todo el encanto de su cuerpo cubierto de ropa. Y, una vez que vio eso, no fue capaz de ver otra cosa, como no podemos volver a creer en un engaño cuando nos ha sido descubierto.
"¿No había notado usted hasta ahora lo hermosa que soy? -paría decir Hélène-. ¿No se había dado cuenta de que soy una mujer? Pues lo soy y puedo pertenecer a cualquiera y a usted también", le dijo su mirada.
Y en aquel momento Pierre sintió que no sólo Hélène podía, sino que debía ser su mujer.
Tuvo la misma certeza que hubiera podido tener en el momento de desposarse con Hélène. No sabía cómo sucedería ni cuándo, incluso ignoraba si eso estaría bien (le parecía que no), pero le constaba que había de ser así.
Pierre bajó los ojos y los levantó de nuevo deseando volverla a ver como una mujer hermosa, ajena a él, como solía verla entonces; pero le fue imposible. No pudo conseguirlo, lo mismo que le ocurre a un hombre que viendo una brizna en la niebla se imagina ver un árbol y cuando se convence de lo que es pretende volver a ver el árbol. Hélène estaba muy cerca de él. Se sentía bajo su poder. Ya no había entre ellos ninguna barrera excepto su propia voluntad."

Lev Tolstói, Guerra y paz.

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