martes, 8 de enero de 2013

Vengo del palacio de La Mole





"En la antecámara hacían guardia permanentemente diez lacayos de librea, y durante toda la velada se servían helados o té cada cuarto de hora, y a eso de las doce, una especie de cena, con champagne.
Ésta era la razón por la que Julián se quedaba algunas noches hasta el final de la velada; por lo demás, apenas comprendía que alguien pudiera escuchar en serio la conversación habitual de aquel salón tan ostentosamente dorado. A veces miraba a los interlocutores para asegurarse de que ellos mismo no se burlaban de lo que decían.
"Mi M. de Maistre, a quien me sé de memoria, ha dicho cosas cien veces mejores -pensaba-, y aun así todo, me resulta bastante aburrido".
Julián no era el único en percibir aquella asfixia moral. Unos se consolaban atracándose a helados; otros, dándose el gusto de decir al salir de la velada: "Vengo del palacio de La Mole, donde me he enterado de que Rusia, etcétera".
Stendhal, Rojo y Negro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada