martes, 15 de enero de 2013

Tan tristes como magníficos





"Julián se detuvo, embelesado, en medio del patio.
-Vamos, mantenga la compostura -dijo el padre Pirard-. Se le ocurren ideas horribles, y luego no es usted más que un niño. ¿Dónde está el nil mirari de Horacio? (Nada de entusiasmo). Piense que este enjambre de lacayos, al verle instalado aquí, tratará de burlarse de usted; verán a un igual situado por encima de ellos injustamente. Aparentando bondad y fingiendo darle buenos consejos, intentarán hacerle cometer alguna zafiedad.
-Les desafío a ello -repuso Julián mordiéndose los labios y recobrando toda su desconfianza.
Los salones que atravesaron en el primer piso, antes de llegar al gabinete del marqués, les habrían parecido a mis lectores tan tristes como magníficos. Aun regalándoselos tal como estaban, no se avendrían ustedes a habitarlos; parecían la patria del bostezo y del razonamiento triste. Mas ello no fue óbice para que se acrecentara la admiración de Julián.
"¿Cómo se puede ser desgraciado -pensaba- viviendo en una mansión tan espléndida?."

Stendhal, Rojo y Negro.

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