miércoles, 28 de noviembre de 2012

Matilde era voluble







"Sus largas conversaciones con Julián versaban siempre sobre los proyectos más utópicos y peligrosos. Los carceleros, bien pagados, la dejaban moverse a su antojo en la prisión. Las ideas de Matilde no se limitaban al sacrificio de su reputación; poco le importaba que la sociedad entera supiese su estado. Una de las menores quimeras que forjaba aquella imaginación exaltada y valerosa consistía en echarse de rodillas ante la carroza del rey cuando éste pasara al galope, llamar la atención del príncipe, aun a riesgo de ser pisoteada mil veces, para solicitar el indulto de Julián. Merced al apoyo de sus amigos empleados en la corte del rey, estaba segura de ser admitida en las zonas reservadas del parque Saint-Cloud.
Julián se consideraba poco digno de tanta abnegación; a decir verdad, estaba cansado de aquel heroísmo. Hubiera sido sensible a una ternura sencilla, ingenua y casi tímida, pero el alma altiva de Matilde necesitaba siempre de un público, del aplauso de los demás.
En medio de todas sus angustias, de todos sus temores por la vida de aquel amante, al que no quería sobrevivir, sentía una secreta necesidad de asombrar al público con el exceso de su amor y la sublimidad de sus actos.
Julián se irritaba contra sí mismo al ver que no le conmovía todo aquel heroísmo. ¿Qué habría pensado si hubiera sabido todas las locuras con que Matilde abrumaba el espíritu abnegado, pero eminentemente razonable y limitado, del bueno de Fouqué?
Y no es que censurase la abnegación de Matilde, pues él también hubiera sacrificado toda su fortuna y expuesto su vida a los mayores avatares por salvar la de Julián. Pero lo cierto es que estaba estupefacto al ver la cantidad de oro que derrochaba Matilde. Durante los primeros días, las sumas dispendiadas impresionaron mucho a Fouqué, que  sentía por el dinero toda la veneración de un provinciano.
Acabó por descubrir que los proyectos de Mlle. de la Mole variaban a menudo, y, con gran satisfacción por su  parte, encontró la palabra adecuada para censurar aquel carácter que le resultaba tan fatigoso: Matilde era voluble. De aquel epíteto al de saco de grillos o al de cabeza de llena de pájaros, que son los mayores anatemas que se pueden aplicar en provincias, no hay más que un paso."

Stendhal, Rojo y negro.

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