lunes, 19 de noviembre de 2012

La opinión pública




"Pero dejemos a este hombre mezquino con sus mezquinos temores. ¿Por qué se le ocurriría llevarse a su casa a un hombre íntegro, cuando lo que necesitaba era un hombre con alma de lacayo? ¿Por qué no supo escoger a sus gentes? Lo normal en el siglo XIX es que cuando un ser poderoso y noble tropieza con un hombre íntegro, lo mata, lo destierra, lo encarcela o lo humilla de tal forma que el otro comete la torpeza de morirse de dolor. Por casualidad, en el caso que nos ocupa no es todavía el hombre íntegro el que sufre. La gran desgracia de los pueblos de Francia y de los gobiernos por elecciones, como el de Nueva York, es no poder olvidar que en el mundo hay seres como M. de Renal. En una ciudad de veinte mil habitantes, estos hombres son los que generan la opinión pública, y la opinión pública es terrible en un país que tiene privilegios. Un hombre dotado de un alma noble, generosa -y que quizás hubiera sido amigo suyo-, pero que vive a cien leguas, le juzgará a usted a partir de la opinión pública de su pueblo, y esta opinión la crean los imbéciles que la casualidad ha hecho nacer ricos, nobles y moderados. Desgraciado de aquel que por algún motivo se distingue."

Stendhal, Rojo y negro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada