martes, 23 de octubre de 2012

Fue como si alguien en pleno desierto se imaginara un prado





"Si hace diez mil años le hubieran pedido que imaginara cuál sería el emplazamiento de las grandes civilizaciones futuras, seguramente las habría situado en algún punto de América Central o del Sur, basándose en las cosas sorprendentes que estaban haciendo allí con los alimentos. Los académicos llaman Mesoamérica a esta parte del Nuevo Mundo, un término vago y acomodaticio que podría definirse más o menos como América Central, sumándole tanta o tan poca parte de América del Norte y del Sur según sea necesario para soportar cada hipótesis en particular.
Los Mesoamericanos fueron los mayores cultivadores de la historia, pero de todas sus numerosas innovaciones hortícolas, ninguna ha sido más importante o inesperada como la creación del maíz. Seguimos sin tener ni idea de cómo lo hicieron. Si observamos las formas primitivas de cebada, arroz o trigo y las comparamos con sus contrapartidas modernas, vemos enseguida las afinidades. Pero el maíz salvaje no se parece en nada al maíz moderno. Genéticamente, su pariente más próximo es una hierba muy fina llamada teosinte, pero más allá del nivel similar de cromosomas no existe parentesco visible. El maíz crece en forma de robusta mazorca en un único tallo y sus granos quedan encerrados en el interior de una cáscara rígida y protectora. Una mazorca de teosinte, en comparación, mide poco más de dos centímetros de largo, carece de cáscara y crece en múltiples tallos. Su valor alimenticio es casi nulo; un grano de maíz es más nutritivo que la mazorca entera de teosinte.
Queda fuera de nuestro alcance adivinar cómo alguien consiguió cultivar mazorcas de maíz a partir de una planta tan diminuta y poco propicia, o incluso cómo se le ocurrió intentarlo. En 1969, y con la idea de cerrar el tema de una vez por todas, un grupo de científicos del mundo entero especializados en alimentación convocaron la conferencia sobre el origen del maíz en la Universidad de Illiois, pero los debates se tornaron tan vituperiosos y agrios,  y personales en muchas ocasiones, que la conferencia acabó sumida en el caos y nunca llegó a publicarse ningún tipo de documento. Desde entonces no ha habido más intentos. Pero los científicos están bastante seguros de que el maíz se domesticó en primer lugar en las planicies del oeste de México y no tienen la menor duda, gracias a las convincentes maravillas de la genética, de que fue a partir del teosinte, pero cómo se hizo todo sigue siendo el eterno misterio.
Pero se logró, crearon la primera planta del mundo resultado de la ingeniería, una planta tan profundamente manipulada que ahora depende por completo de nosotros para su supervivencia. Los granos de maíz no se desprenden por sí solos de la mazorca, razón por la cual el maíz no existiría si el hombre no lo arrancara y lo plantara. Si el hombre no lo hubiera atendido constantemente durante estos miles de años, el maíz se habría extinguido. Los inventores del maíz no solo crearon un nuevo tipo de planta, sino que además crearon -concibiéndolo a partir de nada, en realidad- un nuevo tipo de ecosistema que no existía en ninguna parte de su mundo. En Mesopotamia, había ya prados naturales, por lo que el cultivo fue básicamente una cuestión de transformar campos de cereales naturales en campos de cereales mejores y controlados. Pero en la árida maleza de América Central, los campos eran desconocidos. Tuvieron que ser creados a partir de cero por gente que jamás había visto una cosa parecida. Fue como si alguien en pleno desierto se imaginara un prado.
Hoy en día, el maíz en mucho más indispensable de lo que la gente cree. La fécula de maíz se utiliza en la fabricación de bebidas con gas, chicles, helados, mantequilla de cacahuete, Kétchup, pintura para vehículos, líquido para embalsamar, pólvora, insecticidas, desodorantes, jabón, patatas fritas, apósitos quirúrgicos, laca de uñas, polvos desodorantes para los pies, aliños para ensaladas y varios cientos de cosas más. Tomando prestadas las palabras de Michael Pollan, no es tanto que hayamos domesticado el maíz como que el maíz nos ha domesticado a nosotros."


Bill Bryson, En casa. Una breve historia de la vida privada

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