martes, 7 de agosto de 2012

Nunca debe uno perder la esperanza




"Nunca debe uno perder la esperanza, decía el gitano Janacek, de Piltzen, cuando en 1889 le pusieron la soga al cuello acusado de ser el autor de un doble asesinato y robo, y en efecto acertó, porque en el último instante se salvó de la horca, puesto que no era posible colgarlo el día del natalicio del emperador, que coincidía precisamente con la fecha de su ejecución. Sólo pudo ser ahorcado al día siguiente de la celebración, y aquel bribón tuvo la suerte de que al tercer día le llegara el indulto, porque todo señalaba que el culpable era otro sujeto llamado también Janacek. De modo que tuvieron que desenterrarlo del cementerio penal y sepultarlo en el cementerio católico de Pilzen, de donde también se vieron en la necesidad de exhumarlo, ya que de alguna extraña manera descubrieron que el tal Janacek no era católico sino evangelista."



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