domingo, 10 de junio de 2012

Podía entonces abandonarme a los encantos de una viril tristeza





"Por ejemplo, nunca me quejaba de que se olvidaran de la fecha de mi cumpleaños: la gente hasta se sorprendía, con un poquillo de admiración, por lo discreto que me mostraba en ese punto.
 Pero la razón de mi desinterés era aún más discreta: deseaba que se olvidaran de mí con el objeto de poder lamentarme ante mí mismo. Muchos días antes de la fecha, gloriosa entre todas y que yo conocía muy bien, me mantenía al acecho, prestando atención para que no se me escapara nada que pudiera despertar el recuerdo de aquellos con cuyo olvido contaba yo. (¿Acaso no tuve un día hasta la intención de alterar un almanaque?)
 Cuando mi soledad quedaba bien demostrada, podía entonces abandonarme a los encantos de una viril tristeza." 


Albert Camus, La Caída 


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