lunes, 11 de junio de 2012

La anosognosia de Nora










"-¿Cómo se encuentra hoy Nora?

-Muy bien, doctor, salvo por la comida del hospital. Es horrible.

-Bueno, voy a echarle un vistazo. ¿Puede andar?
-Sí.
(En realidad, durante la semana anterior no había dado un solo paso).
-Nora, ¿puede usar las manos? ¿Puede moverlas?
-Sí.
¿Las dos manos?
-Sí.
(Nora llevaba una semana sin utilizar el tenedor)
-¿Puede mover la mano izquierda?
-Sí, claro.
-Tóqueme la nariz con la mano izquierda.
(La mano de Nora permaneció inmóvil).
-¿Está tocándome la nariz?
-Sí.
-¿Ve que su mano me toca la nariz?
-Sí, ahora está casi tocándole la nariz.
Al cabo de unos minutos agarré el brazo izquierdo sin vida, lo alcé hacia su rostro y pregunté:
-¿De quién es esta mano, Nora?
-Es la mano de mi madre, doctor.
-¿Dónde está su madre?
En ese momento, Nora pareció desconcertada y miró alrededor en busca de su madre.
-Está escondida debajo de la mesa.
-Nora, ¿ha dicho que puede mover la mano izquierda?
-Sí.
-Demuéstremelo. Tóquese la nariz con la mano izquierda.
Sin la menor vacilación, Nora movió la mano derecha hacia la flácida mano izquierda, la cogió, y la usó como un utensilio para tocarse la nariz. La asombrosa consecuencia es que aunque estaba negando la parálisis del brazo izquierdo, seguramente en cierto nivel sabía que sí estaba paralizado, pues, si no, ¿por qué usa la mano izquierda "de su madre" como instrumento para tocarse la nariz? Da la impresión de que en Nora hay muchas Noras."

 V.S. Ramachandran, Lo que el cerebro nos dice
Vía: Biotay

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