jueves, 14 de junio de 2012

Ese absurdo vacío que era el destino del hombre








"El destartalado Ford se detuvo ante una granja desierta y de él salieron tres hombres. Tranquilamente y sin razón aparente, el hombre de pelo oscuro agarró la nariz del hombre calvo con la mano derecha y lentamente se la retorció trazando un amplio círculo en sentido contrario a las agujas del reloj: un horrendo chirrido quebró el silencio de las Grandes Llanuras. 'Sufrimos', dijo el hombre de pelo oscuro. '¡Ay, la azaroza violencia de la existencia humana!' Entretanto, Larry, el tercer hombre, había entrado en la casa y, no se sabe cómo, había conseguido acabar con la cabeza atrapada en un jarrón de loza. Andaba a tientas por la habitación y para él todo se había vuelto aterrador y negro. Se preguntaba si existía un dios o si la vida tenía sentido o si el universo obedecía a algún plan cuando súbitamente irrumpió el hombre de pelo oscuro y, tras encontrar un gran mazo de polo, empezó a golpear el jarrón para liberar la cabeza de su compañero. Con una rabia acumulada que ocultaba años de angustia por ese absurdo vacío que era el destino del hombre, el tal Moe destrozó la loza. 'Al menos tenemos la libertad de elegir', dijo Ricitos, el calvo, entre sollozos. 'Estamos condenados a muerte pero poseemos libertad de elección', repuso Moe, y dicho esto le metió los dedos en los ojos. ?Ay, ay, ay', gimió Ricitos, 'no hay justicia en el cosmos.' Cogió un plátano sin pelar y lo hundió entero en la boca de Moe."

 Woody Allen, Pura anarquía

No hay comentarios:

Publicar un comentario