lunes, 26 de marzo de 2012

Todas las sorpresas son posibles



"De manera que ahora yo habito en el lugar de uno de los mayores crímenes de la historia. Acaso sea eso lo que me ayuda a comprender al gorila y su desconfianza. De esta manera, puedo luchar contra esa inclinación de mi naturaleza que me lleva irresistiblemente a la simpatía. Cuando veo una cara nueva, algo en mi interior da la alarma. "Cuidado. Peligro." Y aun cuando la simpatía venza, yo continúo siempre en guardia.
¿Sabe usted que en mi aldea, en el curso de una acción de represalia, un oficial alemán pidió cortésmente a una anciana mujer que tuviera a bien elegir de entre sus dos hijos al que habría de ser fusilado? Elegir, ¿se imagina usted? ¿A éste? No. A este otro. Y luego verlo partir.
No insistamos, pero créame que todas las sorpresas son posibles. Conocí a un hombre de corazón duro, que rechazaba toda desconfianza. Era pacifista, libertario; amaba con un amor único a toda la humanidad y a los animales. Un alma de excepción, sí, eso es lo cierto. Pues bien, durante las últimas guerras de religión en Europa se había retirado al campo. Sobre el dintel de su puerta había escrito estas palabras: "Cualquiera que sea el lugar de donde vengáis, entrad y sed bienvenidos." ¿Y quien le parece a usted que respondió a esta hermosa invitación? Milicianos, que entraron como en su propia casa .y lo destriparon."


Albert Camus, La Caida

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