miércoles, 15 de febrero de 2012

Gargantas azules, vasopresina y el tren del enamoramiento








"Aunque los humanos y los animales se diferencian en las estrategias de apareamiento, los científicos han observado algunas similitudes curiosas. Uno de lo ejemplos más pintorescos de táctica animal la encontramos en la lagartija de costado manchado (Uta stansburiana). Los machos tienen gargantas de tres colores diferentes, que se corresponden con tres estilos de apareamiento distintos. Los macho de garganta naranja utilizan la estrategia del harén del macho alfa. Conservan un grupo de hembras y se aparean con todas. Los machos de garganta amarilla son ladronzuelos que se cuelan subrepticiamente en el harén del de garganta naranja y se aparean con todas las hembras que logran conquistar. Los machos de garganta azul brillante -mis favoritos- recurren a la estrategia monogámica. Se aparean con una sola hembra y la vigilan de forma permanente. Desde una perspectiva biológica, los métodos del líder del harén de garganta naranja, el ladrón de garganta amarilla y el monógamo de garganta azul son estrategias de apareamiento exitosas para las lagartijas y también para los humanos.  A mi marido le llamo cariñosamente "garganta azul".

LA HORMONA DE LA MONOGAMIA
Seguramente las mujeres se preguntarán: ¿Cómo puedo escoger un garganta azul?. No tenemos por ahora una respuesta infalible a la pregunta de qué se requiere para aparearse con un macho humano monógamo , pero las investigaciones sobre unos pequeños mamíferos peludos llamados ratones de campo tal vez aporten algunas pistas. Los científicos han descubierto que los ratones de campo machos que habitan en la pradera son monógamos y se ocupan de mantener a las crías junto con la madre. Pero sus primos -los ratones de campo que viven en la montaña- son estrictamente promiscuos, buscan la variedad sexual y están especializados en rollos fugaces que duran menos de un minuto. La diferencia entre las estrategias de apareamiento  de estos primos de ratón campestre  tiene su origen en el cerebro. Cuando el ratón de pradera encuentra a su pareja, se aparea con ella una y otra vez en una maratón sexual de veinticuatro horas. Esta actividad sexual altera su cerebro para siempre. Un área del cerebro llamada hipotálamo anterior -HA- memoriza el olor y el tacto de su pareja, lo que le lleva a rechazar agresivamente a todas la demás hembras. Este gozoso día de la nueva pareja de ratones no sólo es inolvidable, sino biológicamente necesario. La memorización de la hembra, junto con la fusión de los circuitos del deseo y el "amor", inculca en su cerebro una preferencia monógama que se prolongará durante toda la vida.
Durante el acto sexual, tanto el ratón de pradera como el de montaña generan vasopresina y dopamina, pero sólo el de pradera alberga en su cerebro los receptores de vasopresina necesarios para la monogamia. Y cuando los científicos bloquearon experimentalmente estos receptores de vasopresina inductores de la monogamia en los cerebros del ratón de pradera, observaron que no se apegaban a sus parejas sexuales. Los circuitos del amor y el deseo de sus cerebros no se fusionaban. La diferencia entre los receptores de vasopresina del cerebro del ratón de pradera y los del ratón de montaña radica en los genes. El gen receptor de vasopresina en el ratón monógamo es más largo, mientras que en el ratón promiscuo es más corto. Cuando los científicos insertaron la versión larga del gen en el ratón de montaña promiscuo, éste también se volvía monógamo.
Aunque la biología cerebral de los hombres puede resultar más compleja que la de los ratones, los humanos tienen también ese gen receptor de vasopresina. Algunos hombres tienen la versión larga, mientras  que otros tienen la variante corta. Un estudio desarrollado en Suecia pudo de manifiesto que lo hombres con la versión larga del receptor de vasopresina tenían una probabilidad dos veces mayor de dejar atrás la soltería y comprometerse con una mujer de por vida. De modo que, en lo que respecta a la fidelidad, el lema que enuncian en broma las mujeres científicas es "cuanto más largo mejor", al menos en lo que se refiere a la longitud del gen receptor de vasopresina."


"Cundo Nicole invitó por fin a Ryan a pasar la noche, él se creyó morir de dicha. A partir de entonces, hicieron el amor todos los días, incluso más de una vez diaria, pero él no se cansaba de ella. El sexo no siempre lleva al amor, aunque para el cerebro masculino es una parte necesaria para llegar ahí.

Durante el acto sexual, el cerebro de Ryan producía químicos que creaban una euforia gozosa, similar a la de una inhalación de cocaína. No entendía por qué, cuando estaba lejos de Nicole durante más de cuatro o cinco horas, empezaba a sentir el anhelo biológico primitivo. Si pudiéramos viajar por los circuitos cerebrales de Ryan en un tren en miniatura mientras él se enamoraba, entraríamos en un área profunda del centro del cerebro llamada área tegmental ventral (ATV). Veríamos que las células de esta área rápidamente se pondrían a fabricar dopamina, el neurotrasmisor cerebral del bienestar, la motivación y la recompensa. A medida que el tren se llenase de dopamina en esta estación de ATV, Ryan empezaría a sentir una agradable embriaguez.
Rebosante de dopamina, el tren aceleraría por los circuitos cerebrales hacia la siguiente estación, el núcleo accumbens, o NAc, el área de la anticipación del placer y la recompensa. Como Ryan es un hombre, veríamos que la dopamina del tren se mezclaría con la testosterona y la vasopresina. En el caso de la mujer, se mezclaría con el estrógeno y la oxitocina. La mezcla de la dopamina con estas otras hormonas era un combustible adictivo de alto octanaje, que dejaba a Ryan estimulado y perdidamente enamorado. Cuanto más se acostaban Ryan y Nicole, más adictos se volvían sus cuerpos y cerebros."

Louann Brizendine, El cerebro masculino.

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