viernes, 17 de febrero de 2012

20 dólares








"Es mucho más fácil recordar el pasado que suponer las posibles causas que nos hacen tomar un montón de decisiones extrañas. Por ejemplo, hay más posibilidades de que la  gente compre un paquete de vacaciones que está entre los 600 y los 500 dólares, que un paquete idéntico que cueste 400 dólares pero que el día anterior estuviera de oferta a 300 dólares. Como es más fácil comparar el precio actual del paquete de vacaciones con el anterior que no con el precio de otras cosas que uno podría comprar, acabamos prefiriendo malas ofertas que se han convertido en buenas en lugar de ofertas geniales que otrora fueron maravillosas. La misma tendencia nos lleva a comprar artículos de consumo que tiene un "un pasado glorioso"   no los que carecen de él. Por ejemplo, imagine que tiene en la cartera un billete de 20 dólares y la entrada del mismo valor para un concierto, pero cuando llega al teatro se da cuenta de que ha perdido la entrada por el camino. ¿Se compraría otra? la mayoría de las personas contestan que no. Ahora imagine que, en lugar de un billete de 20 dólares y la entrada, tiene dos billetes de 20 dólares en la cartera y, cuando llega al teatro, se da cuenta de que ha perdido uno por el camino. ¿Compraría otra entrada? La mayoría de personas responde que sí. No hace falta haber estudiado lógica para entender que ambos ejemplos son idénticos en todos los aspectos relevantes: en ambos casos ha perdido un pedazo de papel cuyo valor es de 20 dólares (un billete y una entrada); en ambos casos debe decidir si gastar el dinero que le queda en la cartera para un concierto. Sin embargo, nuestra insistencia en comparar el presente con el pasado nos lleva a razonar de forma distinta, en esos casos equivalentes, desde un punto de vista funcional. Al perder un billete de 20 dólares y luego pensar en comprar la entrada de un concierto por primera vez, el concierto no tiene pasado, por ello, comparamos el precio de ver el concierto con otras posibilidades (¿debo pagar 20 dólares para ver el concierto o debería comprarme unos nuevos guantes de piel de zapa?) Sin embargo, cuando perdemos la entrada que ya hemos comprado y pensamos en "sustituirla", el concierto tiene un pasado y, por eso, comparamos el precio actual de ver el espectáculo (40 dólares) con su precio anterior (20 dólares) y se no quitan las ganas de ver una actuación cuyo precio se ha duplicado de repente."

Daniel Gilbert, Tropezar con la felicidad.

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