miércoles, 25 de enero de 2012

Salimos de las tinieblas y entramos en las tinieblas








"Me alegro, me alegro mucho de que, a pesar de todo, esto vaya tomando un curso cordial, si puede decirse así, y que no lleguen a producirse el edema de la glotis u otras humillantes complicaciones; se evitará mucho tormento. El corazón cede rápidamente, tanto mejor para él y tanto mejor para nosotros que podemos cumplir  con nuestro deber con nuestras inyecciones de alcanfor, sin peligro de exponerle a mayores sufrimientos. Dormirá mucho y tendrá sueños agradables, eso es lo que creo poder prometerle; y si  al final no consigue dormir del todo, cuando menos tendrá una muerte rápida y sin dolores, le será completamente indiferente, confíe en mí. En el fondo, suele ser así casi siempre. Conozco la muerte, soy uno de sus viejos empleados; créame, se la sobreestima. Le puedo asegurar que apenas se siente nada. Pues todas las cosas desagradables que en ciertas circunstancias preceden al instante en cuestión no pueden considerarse como parte de la muerte; son cosas de la vida, exclusivas de la vida, y pueden conducir a la vida y a la curación. Sin embargo, de la muerte nadie que volviese de ella podría decir que vale la pena, pues no se tiene vivencia alguna de la muerte. Salimos de las tinieblas y entramos en las tinieblas. Entre esos dos instantes hay muchas experiencias, vivencias, pero no vivimos ni el principio ni el fin, ni el nacimiento ni la muerte; ninguno de los dos tiene carácter subjetivo; en tanto procesos, caen enteramente en el terreno de lo objetivo. Así es."
Thomas Mann, La montaña mágica.

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