"Así mueren
las palabras antiguas
como copos de nieve
que tras dudar en el aire
caen al suelo
sin un lamento.
Debería decir: callando.
¿Dónde están ahora las cien
maneras de decir mariposa?
En la costa de Biarritz recogió
Nabokov uno de aquellos
nombres: miresicoletea.
Mira, está ahora bajo la arena, como la astilla de una concha."
"Ahora en el pequeño saloncito queda lo que queda cuando no queda nada: por ejemplo, moscas, o prospectos que han echado los estudiantes por debajo de todas las puertas y que son propaganda de un nuevo dentífrico o prometen un descuento de veinticinco céntimos a quien compre tres paquetes de detergente, o números atrasados de Le Jouet francais, la revista que recibió todas su vida y cuya suscripción siguió funcionando hasta unos meses después de su muerte, o esas cosas insignificantes que andan tiradas por el suelo o por los rincones de los armarios, sin que se sepa cómo llegaron y cómo están aún allí: tres flores silvestres mustias, unos tallos fláccidos en cuyas extremidades se marchitan unos filamentos que se dirían calcinados, una botella de coca-cola vacía, una caja de pasteles, abierta, que todavía conserva su cinta de rafia falsa y en la que las palabras "Las delicias de Luis XV. Pastelería, Confitería fundada en 1742" dibujan un hermoso oval rodeado de una guirnalda con cuatro angelitos mofletudos a los lados, o, detrás de la puerta de la escalera, una especie de percha de hierro con un espejo rajado en tres porciones de superficies desiguales que esbozan vagamente la forma de una Y, en cuyo marco está aún metida una postal que representa una joven atleta, al parecer japonesa, que enarbola una antorcha encendida."
"Argentina es un país traumatizado por una historia plagada de conflictos violentos, crisis económicas y un futuro incierto. El Documentos TV del sábado 2 de abril nos muestra cómo el psicoanálisis es parte fundamental de su cultura desde hace medio siglo. Más de 60.000 psicoterapeutas ejercen actualmente en Buenos Aires y otros 12.000 estudiantes se preparan en la universidad de Psicología. ‘Argentina en el diván’ hace un recorrido por la historia reciente de este país para entender por qué el lenguaje de Freud se convirtió en parte de la cultura de la clase media argentina.
Historia argentina y psicoanálisis
A principios del siglo XX, Argentina parecía destinada a convertirse en una potencia económica mundial y millones de inmigrantes europeos se sintieron atraídos por esta nueva tierra prometida. En la década de los años treinta Buenos Aires se había transformado en una sociedad urbana deseosa de imitar todo lo que fuera moderno y europeo. Esta búsqueda de una nueva identidad llevaría a las clases medias argentinas a ser especialmente receptivas al psicoanálisis de Freud.
"El psicoanálisis se instala en Buenos Aire sobre la cultura que está impregnada de las idiosincrasias del tango. Luego se suma el existencialismo que le agrega a la melancolía ese aspecto de preguntarse acerca del sentido de la vida", explica la psicoanalista Sonia Abadi.
El documental hace un recorrido por la historia reciente del país en el que la dictadura militar -durante la que desaparecieron 30.000 argentinos- y la derrota ante Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas han dejado una huella indudable. "Yo estuve 23 años con un psiquiatra, porque tengo una hija desaparecida que no sé dónde está enterrada", cuenta una mujer y es un ejemplo de cómo la sociedad buscó consuelo o respuestas en el psicoanálisis. El lenguaje de Freud se convirtió en parte de la cultura de la clase media y en una forma de resistencia contra el régimen.
El complicado 'oficio' de ser argentino
El psiquiatra e historiador Ben Rescinoff reconoce, basándose en la trayectoria de su país, que "era muy difícil ser argentino, es un oficio bastante complicado. ¿Qué parte jugó el psicoanálisis en todo esto? Es difícil decirlo con precisión". Mientras que Eduardo Pavlovsky, actor, escritor y psicoterapeuta reflexiona sobre la personalidad de sus paisanos: "Nosotros los argentinos tenemos una rara identidad. El psicoanálisis también forma parte de estas vicisitudes de ser argentino".
La base de psicoanálisis está en el pasado, en la historia, y algunos especialistas aseguran en el documental que la evolución de Argentina es muy parecida a un trastorno de la personalidad: sigue repitiendo las mismas pautas de comportamiento que no le han ido demasiado bien en el pasado. La realidad es que el lenguaje psicoanalítico se ha convertido en una seña de identidad de los argentinos y forma parte de su cultura de la melancolía. ‘Mi intención es ir a terapia toda la vida’, dice Guido, un joven estudiante de 25 años" Documentos TV
Los nazis marcharon sobre Viena.
Superman hizo su debut en Action Comics.
Stalin purgó a sus amigos revolucionarios.
El primer Dairy Queen abrió en Kankakee, Illinois.
Yo, en mi cuna, me meaba en los pañales.
“Debes de haber sido un hermoso bebé”, cantaba Bing Crosby.
Un piloto al que los periódicos llamaron “Camino Equivocado Corrigan”
despegó de Nueva York con dirección a California
y acabó aterrizando en Irlanda mientras yo veía a mi madre
sacarse un pecho del camisón azul y dirigirse hacia mí.
Aquel septiembre hubo un huracán que trasladó un cine
desde la playa de Westhampton a algún sitio en medio del mar.
La gente temía que el mundo estuviera a punto de acabarse.
Un pez que se creía extinto desde hacía setenta millones de años
apareció en una red de pesca en la costa de Suráfrica.
Yo estaba en mi cuna mientras los días se hacían más breves y fríos.
La primera gran nevada cayó durante la noche
sumiendo mi habitación en un gran silencio.
Me parece haberme oído llorar durante mucho, mucho tiempo.
“Si tuviera valor, se dejaría llevar por el manso empuje de las escaleras mecánicas durante horas: llegaría al final del pozo inclinado, volvería a ascender, bajaría de nuevo, y así una y otra vez hasta gastar la mañana. Pero no se atrevió: al llegar al final de la cinta, se limitó a seguir la corriente de nucas anónimas, que le guiaron hasta su andén.”
Gaixotu zen Adan paradisua utzi eta aurreneko neguan,
eta eztulka, buruko minez, hogeita hemeretziko sukarraz,
negarrari eman zion Magdalenak gerora emango bezala,
eta Evagana zuzenduz "hil egingo naiz" esan zion oihuka,
"gaizki nago, maite, hilurren, ez dakit zer gertatzen zaidan".
Harritu egin zen Eva hitz haiekin, hil, hilurren, gaizki, maite,
eta berriak iruditu zitzaizkion, hizkuntza arrotz batekoak,
eta ezpain artean ibili zituen maiz, hil, hilurren, gaizki, maite,
harik eta zehazki ulertzen zituela iruditu zitzaion unerarte.
Ordurako sendatua zegoen Adan, eta poz pozik zebilen.
Paradisuaz geroko lehen gertaera hark segida luzea izan zuen ,
eta lehengoez gain, hil, hilurren, gaizki, maite, Adan zein Evak
hitz berriak ikasi behar izan zituzten, min, lan, bakardade, poz
eta beste hamaika, denbora, neke, algara, eder, ikara, kemen;
hiztegia hazten zenarekin batera, zimurtuz joan zitzaien azala.
Zahartu zen erabat Adan, sentitu zuen hurbil heriotzaren ordua,
eta Evarekin elkarrizketa sakon bat izateko gogoa sortu zitzaion;
"Eva", esan zion, "ez zen ezbehar bat izan paradisuaren galtzea;
oinazeak oinaze, minak min, gure Abelen zoritxarra halako zoritxar,
bizi izan duguna izan da, zentzurik nobleenean esanda, bizitza".
Adanen hilobi atarian malko arruntak ixuri ziren, gatz eta urezkoak,
lurrera erortzerakoan hiazinto edo arrosa alerik eman ez zutenak,
eta Kain izan zen, paradoxaz, negarrez bortitzen puskatu zena;
Gero Evak irribarre xamurrez gogoratu zuen Adanen lehen gripea
eta halaxe, lasai, etxera joan eta salda beroa hartu zuten, eta txokolatea.
La vida según Adán
Enfermó Adán el primer invierno después de su salida del paraíso
y asustado con los síntomas, la tos, la fiebre, el dolor de cabeza,
se echó a llorar igual que años más tarde lo haría María Magdalena,
y dirigiéndose a Eva, "no sé qué me ocurre" gritó, "tengo miedo"
"amor mío, ven aquí, creo que ha llegado la hora de mi muerte".
Eva se sorprendió mucho al oir aquellas palabras, amor, miedo, muerte
y le pareció que pertenecían a una lengua extraña, ajena al paradisiaqués,
y anduvo con ellas en la boca, masticándolas como pepitas, como raíces,
hasta que creyó, amor, miedo muerte, comprender enteramente su sentido.
Para entonces Adán ya se había repuesto, y volvía a sentirse feliz, o casi.
Fue sólo, aquel hecho extraparadisíaco, el primero de una larga serie,
de modo que Adán y Eva siguieron, por así decir, recibiendo clases intensivas
de la lengua que decía amor, miedo, muerte, aprendiendo palabras como
cansancio, sudor, carcajada, carcaj, carcamal, canción, caricia o cárcel;
a medida que crecía su vocabulario, las arrugas de su piel aumentaban.
La hora de la muerte, la verdadera, le llegó a Adán siendo ya muy viejo,
y quiso entonces transmitir a Eva lo que había aprendido, su última verdad.
"¿Sabes, Eva?", le dijo, "la pérdida del paraíso no fue en realidad una desgracia".
A pesar de los trabajos, a pesar de lo del pobre Abel y todos los demás conflictos,
hemos conocido lo único que, noblemente hablando, puede llamarse vida.
Sobre la tumba de Adán se derramaron lágrimas corrientes, de agua y sal,
que cayeron a tierra y no criaron jacintos, ni rosas, ni flores de ninguna clase,
y de todos ellos fue Caín el que, paradójicamente, con más desgarro lloró;
Luego Eva recordó con cariño el susto de Adán cuando su primera gripe,
y todos se calmaron, y se fueron, y tomaron algo, y comieron un bollo.
Life according to Adan
The first winter after leaving Paradise, Adam fell ill,
And, alarmed by his symptoms: coughing, fever, headache,
He burst into tears, just as Mary Magdalene would many years later.
Then, addressing Eve, he cried: 'I don't know what's wrong with me.
Come here, my love, I fear the hour of my death is near.'
Eve was very surprised to hear the words love, fear and death,
they seemed to belong to a strange language, quite unlike the language of Paradise,
And she rolled them around in her mouth, chewing on them like tomato seeds or roots,
Until she felt she had understood them fully: love, fear, death,
But by then, Adam had recovered and was happy again - well - almost.
That extra-paradisaic event was only the first in a long series,
And Adam and Eve continued their intensive course in that language
which spoke of love, fear and death, learning words such as
Drudgery, sweat, delight, dagger, perish, song, caress and prison;
As their vocabulary increased, so did the wrinkles on their skin.
The hour of Adam's death, the real one this time, came when Adam was very old,
And he wanted to tell Eve all that he had learned, his ultimate truth.
You know, Eve, he said, 'losing Paradise wasn't really such a bad thing.
Despite all the hard work, the business with poor Abel and other such problems,
We have experienced the only thing that deserves the noble name of life.'
On Adam's tomb a few ordinary saltwater tears were shed,
And where they fell to earth no hyacinths or roses or flowers of any sort sprang up,
And paradoxically enough, it was Cain who cried the most.
Then Eve recalled fondly how frightened Adam had been by that first bout of flu,
And they all stopped crying and went off for a drink and a bite to eat.
“A veces nos vienen ráfagas de ideas que no pertenecen a nuestra lengua, y ello no debe parecerte extraño. O palabras, que a veces el mundo parece hecho de palabras iguales entre sí aunque distinto sea el modo de entenderlas en su sustancia. Por ejemplo, la palabra antrophos. Esta palabra en la que pienso, y que a cada uno de nosotros nos parece la misma, para cada uno quiere decir una cosa. Una palabra que ni siquiera Linneo, Querida mía, habría sido capaz, con toda su paciencia, de clasificar en sus infinitos valores. En mi caso, un hombre sólo, un caso de una trivialidad casi ridícula, dado que periódicos y censos, municipios y autoridades hoy lo llaman single. Pero en mi caso la singularidad coincidía realmente con la vieja soledad. La más absoluta soledad, como la del paisaje que me rodeaba, hecho de zarzas y de retama y cipreses en las colinas. Y por eso llamé a la puertecita y giré el picaporte. Por lo general, en casos como éstos, debería abrir una señora de cierta edad, preferiblemente inglesa, con el pelo gris y acaso vestida con un sari, porque ha vivido en la India, una persona que ha meditado largo tiempo sobre las filosofías del Oriente y que sabe cómo manejarse con las vidas futuras.”
"En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del imperio, toda una provincia. Con el tiempo, esos mapas desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la Cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del mapa, habitadas por animales y por mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas."
“Un famoso aristócrata inglés dijo que si alguien fuera por Londres diciendo la verdad a todas las personas que encontrara, lo más probable es que lo mataran antes de que recorriera 200 metros.”
"Durante décadas, la idea de dar pequeños préstamos a los pobres para mejorar su calidad de vida ha sido aplaudida con entusiasmo en todo el mundo. Éste es el documental que ha provocado la expulsión del premio Nóbel de la Paz Muhammad Yunus, el banquero de los probres, de la institución que fundó. Una exhaustiva investigación periodística cuestiona la utilidad del sistema de microcréditos en los países del tercer mundo." Documetos TV
"La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo."
"No era una idea genial, desde luego, pero al menos era algo, y si me dedicaba a ello con todo el rigor y la constancia con que pretendía hacerlo, tendría mi ocupación, el pequeño caballo de batalla que andaba buscando para salir de mi rutinaria y soporífera indolencia. Pese a lo modesto de la empresa, y con objeto de hacerme la ilusión de que me dedicaba a algo importante, decidí darle un título llamativo, un tanto ampuloso: El libro del desvarío humano . En él pensaba escribir, en un lenguaje lo más claro y sencillo posible, un relato de cada equivocación, torpeza y batacazo, de cada insensatez, flaqueza y disparate que hubiera cometido durante mi larga y accidentada existencia. Cuando no se me ocurrieran anécdotas que contar sobre mí mismo, escribiría cosas que hubieran sucedido a conocidos míos, y cuando esa fuente se agotara a su vez, me inspiraría en hechos históricos, recordando las locuras de mis congéneres a lo largo de los siglos, empezando por las civilizaciones perdidas de la antigüedad y llegando hasta los primeros meses del siglo XXI . Aunque no consiguiera otra cosa, pensé que podría suscitar unas cuantas carcajadas.
No tenía el menor deseo de desnudar mi alma ni dedicarme a sombrías introspecciones. Adoptaría un tono ligero y burlesco de principio a fin, con el único propósito de distraerme y tener el día ocupado durante el mayor número de horas posible. Pensaba en el proyecto como si fuese un libro, pero en realidad no lo era. Utilizando cuadernos de papel amarillo, hojas sueltas, el reverso de sobres e impresos publicitarios de préstamos y tarjetas de crédito, me dediqué a compilar lo que venía a ser una desordenada serie de notas, una mezcolanza de anécdotas sin relación entre sí que iba guardando en una caja de cartón a medida que las terminaba. El plan era más absurdo de lo que parecía. Algunas historias no pasaban de unas cuantas líneas, y buen número de ellas, en especial las relativas a la transposición de sonidos o la confusión de vocablos que tanto me gustaban, se componían de una sola frase. Hamburguesa con queso graseada en lugar de hamburguesa con queso braseada, por ejemplo, que una vez se me escapó cuando estaba en primero de instituto, o la declaración involuntariamente profunda, casi mística, que solté a Edith durante una de nuestras amargas peleas conyugales: Si no lo creo no lo veo . Cada vez que me sentaba a escribir, cerraba los ojos y dejaba que mis pensamientos vagaran en la dirección que les apeteciese. Imponiéndome esa especie de relajación, logré desenterrar toda una serie de elementos del pasado remoto, cosas que hasta entonces había creído perdidas para siempre. Un fugaz momento en sexto de primaria (por citar alguno de esos recuerdos), cuando un chico de la clase llamado Dudley Franklin soltó un pedo largo y estridente, semejante a un toque de corneta, durante un breve silencio en plena clase de geografía. Todos nos reímos, claro (nada resulta más gracioso en un aula llena de chicos de once años que una súbita ventosidad), pero lo que hacía a ese incidente distinto de la categoría de bochornos menores y lo elevaba a la calificación de clásico, de perdurable obra maestra en los anales de la vergüenza y la humillación, residía en el hecho de que Dudley fue lo bastante ingenuo como para cometer el error fatal de ofrecer una disculpa. «Perdón», dijo, bajando la mirada al pupitre y enrojeciendo hasta que sus mejillas parecieron un coche de bomberos recién pintado. Jamás debe reconocerse un pedo en público. Ésa es la ley no escrita, la única norma protocolaria que debe seguirse estrictamente en la etiqueta norteamericana. Los pedos no salen de nadie ni de ningún sitio en concreto; son emanaciones anónimas que tienen su origen en el conjunto del grupo, y aunque hasta el último de los presentes pueda señalar al culpable, la única actitud sensata consiste en negarlo. Sin embargo, el bobalicón de Dudley Franklin era demasiado honrado para hacer eso, y no le permitieron olvidar el incidente. Aquel mismo día se le puso el mote de Perdón Franklin, y todo el mundo lo llamó así hasta que acabamos el instituto.
Como parecía que las historias podían clasificarse en apartados diferentes, después de trabajar aproximadamente un mes en el proyecto, cambié de sistema y empecé a utilizar varias cajas en vez de una, lo que me permitía organizar las historias terminadas de manera más coherente. Una caja para deslices verbales, otra para percances físicos, otra para ideas fallidas, otra para meteduras de pata, y así sucesivamente. Poco a poco, fueron interesándome cada vez más los momentos cómicos de la vida cotidiana. No sólo los innumerables golpes que me he dado en la cabeza o en el dedo gordo del pie a lo largo de los años, ni tampoco únicamente la frecuencia con que se me han caído las gafas del bolsillo de la camisa cuando me he agachado para atarme los cordones de los zapatos (con la ulterior humillación de tropezar y pisarlas), sino también las increíbles calamidades que me han venido sucediendo desde mi más tierna infancia. Bostezar en una merienda campestre en el Día del Trabajo de 1952 y dejar que me entrara en la boca abierta una abeja, insecto que accidentalmente, entre el asco y el súbito pánico, acabé tragando en lugar de escupir; o aún más inverosímil, disponerme a abordar un avión en un viaje de trabajo hará sólo siete años con la matriz de la tarjeta de embarque descuidadamente cogida entre el dedo corazón y el pulgar, y al soltarla a consecuencia de un empujón que me dieron por detrás, verla revolotear hacia la abertura del final de la rampa y la puerta del avión –el espacio más pequeño que pueda imaginarse, como mucho un milímetro–, y luego, para mi absoluto asombro, deslizarse limpiamente por aquella imposible abertura para aterrizar en la pista a siete metros bajo mis pies."
"El título de este documental alude a una sentencia de la Apología de Sócrates: “Una vida sin examen no vale la pena vivirla”. La propuesta de la directora Astra Taylor fue invitar a una serie de conocidos pensadores de la actualidad a que examinaran (e hicieran que el espectador examinara con ellos) algunos aspectos de la vida contemporánea que consideran relevantes. Por ejemplo, cómo actuar éticamente con el Otro sin a pelar a un sentido trascendental (Avital Ronell), qué implicaciones éticas tiene no sólo lo que hacemos, sino lo que dejamos de hacer con nuestro dinero (Peter Singer) o qué implicaciones violentas tiene la naturalización que hemos realizado de algunos comportamientos corporales (Judith Butler y Sunaura Taylor). Una de las mayores virtudes de este documental es el diálogo que se establece entre el espacio físico que los invitados recorren y el recorrido de su pensamiento. Así, por ejemplo, mientras rema en un bello lago de un parque de Nueva York, Michael Hardt reflexiona sobre la necesidad de que se piense que otro mundo (diferente al de la globalización actual) sería beneficioso no sólo para los menos favorecidos, sino para los privilegiados, y mientras recorre un basurero, Slavoj Zizek habla sobre la ecología como una ideología conservadora. Además de los pensadores ya aludidos, participan en este documental: Cornel West, Kwame Anthony Appiah y Martha Nussbaum." Vía: Videoteca de humanidades
“La semana anterior alguien se había llevado directamente de mi cuarto mi abrigo de pelo de camello con los guantes de piel metidos en los bolsillos y todo. Pencey era una cueva de ladrones. La mayoría de los chicos eran de familias de mucho dinero, pero aun así era una auténtica cueva de ladrones. Cuanto más caro el colegio más te roban, palabra. Total, que yo estaba allí junto a ese cañón absurdo mirando al campo de fútbol y pasando un frío de mil demonios. Sólo que no me fijaba mucho en el partido. Si seguía clavado al suelo, era por ver si me entraba una sensación de despedida. Lo que quiero decir es que me he ido de un montón de colegios y de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba. Y eso me revienta. No me importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego da más pena todavía.”
"No hay ni un solo escritor en el mundo al que no le hayan hecho cien veces esta pregunta. Los escritores contestamos como podemos: unos, con una solemnidad embustera (valga la redundancia); otros, con un chiste laboriosamente excéntrico; otros, con lo que han contestado otros escritores; otros, mirando a quien formula la pregunta como si fuera el tipo más imbécil de la OTAN y murmurando con gesto de asco que la pregunta no es pertinente (cuando la triste verdad es que no se le puede hacer a un escritor una pregunta más pertinente que ésa); la mayoría, me temo, mintiendo como perros. Me avergüenza confesar que hasta hoy he incurrido en todas esas infamias, pero sobre todo en la última; me enorgullece proclamar que eso se ha acabado: en este mismísimo momento, gracias a la gentileza inaudita de este periódico, que me paga religiosamente cada mes por escribir tonterías, me dispongo a decir la verdad, toda la verdad y etcétera. Con todas sus consecuencias. Pero atiendan bien, porque es la última vez que la digo.
Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer; porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí Pimpinela escarlata y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida, Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta.
Escribo para que me lea mi madre, que es la única que me leía cuando no me leía nadie y que me leerá cuando ya nadie me lea (¡un abrazo, mamá!). Escribo para que me lean dos tipos que están muertos y dos o tres que todavía están vivos. Escribo para que me lea usted (¡sí, usted, el de la tercera fila, no se esconda!). Escribo porque escribo como Dios (esto, Dios me perdone, es mentira). Escribo porque no creo en Dios. Escribo porque en un mundo sin Dios, escribir, como reírse (pero esto lo dijo Kafka), es casi una obligación moral, o quizá metafísica. Escribo para llevar la contraria, pero todavía no he descubierto a quién. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas. Escribo porque la vida es una mierda, y los hombres, un hatajo de indeseables y de cobardes, pero cuando escribo salgo a la calle cantando canciones tirolesas y sintiéndome John Wayne y con ganas de abrazarme al primero que pasa y echarme a llorar de tristeza en su cuello. Escribo porque si no escribiera no tendría ni un solo motivo para respetarme, muy pocos para levantarme por l amañana y casi todos para convertirme en un peligrosísimo oligofrénico, de lo que se deduce que el Estado debería subvencionarme para que siguiera escribiendo. (No escribo, por cierto, para que me quieran más: la spersonas que me quieren me querrían igual si no escribiera, y las personas que no me quieren no me querrían ni aunque dejase de escribir). Escribo para joder a los que no quieren que escriba y para alegrar a los que quieren que siga escribiendo. Escribo porque, entre nosotros, escribir mola (esto, seguro, debió de decirlo alguien, probablemente un chino). Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir. A veces (Dios me perdone) he llegado incluso a escribir para hacerles creer a quienes me leen que no quiero que me pregunten nunca más por qué escribo"
"El documental narra un viaje a través del panorama inmobiliario español de los últimos 40 años. Este viaje es motivado por la inquietud, que surge en mí y en muchos jóvenes, cuando decidimos emanciparnos. Ese deseo frustrado, en la mayoría de los casos, hace que me ponga a investigar para buscar porqués y posibles soluciones. El viaje me llevará desde los inicios cuando empezaron mis padres, hasta el momento actual(últimos 10 años), donde a los jóvenes que nacimos durante los años 70, nos ha tocado afrontar la coyuntura económica y social más complicada de la historia del estado español para acceder a una vivienda." Guillermo Cruz
It's the story of a place called Mouseland. Mouseland was a place where all the little mice lived and played, were born and died. And they lived much the same as you and I do.
They even had a Parliament. And every four years they had an election. Used to walk to the polls and cast their ballots. Some of them even got a ride to the polls. And got a ride for the next four years afterwards too. Just like you and me. And every time on election day all the little mice used to go to the ballot box and they used to elect a government. A government made up of big, fat, black cats.
Now if you think it strange that mice should elect a government made up of cats, you just look at the history of Canada for last 90 years and maybe you'll see that they weren't any stupider than we are.
Now I'm not saying anything against the cats. They were nice fellows. They conducted their government with dignity. They passed good laws--that is, laws that were good for cats. But the laws that were good for cats weren't very good for mice. One of the laws said that mouseholes had to be big enough so a cat could get his paw in. Another law said that mice could only travel at certain speeds--so that a cat could get his breakfast without too much effort.
All the laws were good laws. For cats. But, oh, they were hard on the mice. And life was getting harder and harder. And when the mice couldn't put up with it any more, they decided something had to be done about it. So they went en masse to the polls. They voted the black cats out. They put in the white cats.
Now the white cats had put up a terrific campaign. They said: "All that Mouseland needs is more vision." They said:"The trouble with Mouseland is those round mouseholes we got. If you put us in we'll establish square mouseholes." And they did. And the square mouseholes were twice as big as the round mouseholes, and now the cat could get both his paws in. And life was tougher than ever. And when they couldn't take that anymore, they voted the white cats out and put the black ones in again. Then they went back to the white cats. Then to the black cats. They even tried half black cats and half white cats. And they called that coalition. They even got one government made up of cats with spots on them: they were cats that tried to make a noise like a mouse but ate like a cat.
You see, my friends, the trouble wasn't with the colour of the cat. The trouble was that they were cats. And because they were cats, they naturally looked after cats instead of mice.
Presently there came along one little mouse who had an idea. My friends, watch out for the little fellow with an idea. And he said to the other mice, "Look fellows, why do we keep on electing a government made up of cats? Why don't we elect a government made up of mice?" "Oh," they said, "he's a Bolshevik. Lock him up!"
So they put him in jail.
But I want to remind you: that you can lock up a mouse or a man but you can't lock up an idea."
"We live in public cuenta la vida de un pionero de Internet totalmente desconocido para el gran público, el artista y visionario Josh Harris. Harris, llamado también el Warhol de la Web, fundó Pseudo, la primera red de televisión por Internet que surgió durante el apogeo de las punto-com, en los años 90. Y se encargó de comisariar y financiar proyectos como “Quiet, we live in public”, con más de 100 personas viviendo juntas en un búnker subterráneo de Nueva York .
Con "Quiet", Harris demostró la renuncia consciente que hacemos de nuestra privacidad, a cambio del reconocimiento social que todos deseamos. Y cómo avances tecnológicos como MySpace, Facebook y Twitter, hacen que esta renuncia a la privacidad se haga cada vez más patente.
Ondi Timoner documentó la tumultuosa vida de Harris durante más de una década.
El documental forma parte de la colección permanente del MOMA., Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York…" Via
"Ten years in the making and culled from 5000 hours of footage, WE LIVE IN PUBLIC reveals the effect the web is having on our society, as seen through the eyes of “the greatest Internet pioneer you’ve never heard of”, artist, futurist and visionary Josh Harris. Award-winning director Ondi Timoner (DIG! – which also won the Sundance Grand Jury Prize in 2004 – making Timoner the only director to win that prestigious award twice) documented his tumultuous life for more than a decade to create a riveting, cautionary tale of what to expectas the virtual world inevitably takes control of our lives.
Harris, oftencalled the “Warhol of the Web”, founded Pseudo.com, the first Internet television network during the infamous dot-com boom of the 1990s. He also curated and funded the ground breaking project “Quiet” in an underground bunker in NYC where over 100 people lived together on camera for 30 days at the turn of the millennium. With Quiet, Harris proved how we willingly trade our privacy for the connection and recognition we all deeply desire, but with every technological advancement such as MySpace, Facebook and Twitter,becomes more elusive. Through his experiments, including a six-month stint living with his girlfriend under 24-hour electronic surveillance which led to his mental collapse, Harris demonstrated the price we pay for living in public." Weliveinpublicthemovie.com
Dos caminos divergieron en un bosque,
Y afligido porque no podría caminar ambos
Siendo un solo viajero, estuve largo tiempo de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como la vista alcanza,
Hasta donde se perdía en la maleza.
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y agradable de caminar;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
En ninguno de los dos hubiera pisado hojas negras.
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo la inexorable manera en que las cosas siguen su curso,
Dudé si debí haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
Que en alguna parte envejece y hace envejecer,
Dos caminos divergieron en un bosque,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso ha representado toda la diferencia.