martes, 20 de diciembre de 2011

Mi vida no es más que un engranaje de tornillo sin fin








"-Me llamo Zem -anunció el colchón-. Podemos hablar un poco del tiempo.

Marvin volvió a hacer una pausa en su paseo cansino y laborioso.

-Esta mañana -observó- el rocío ha caído claramente con un ruido sordo especialmente desagradable.

Siguió andando, como si la súbita conversación le hubiese impulsado a nuevas cumbres de melancolía y abatimiento. Caminaba con tenacidad. Si hubiera tenido dientes, los habría rechinado en aquel momento. Pero no tenía. Y no lo hizo. Su trabajoso camino lo decía todo.

El colchón chalpoteaba alrededor. Eso es algo que sólo pueden hacer colchones que viven en marismas, por lo que tal palabra ya no es de uso común. Chalpoteaba de una manera simpática, desplazando un volumen bastante grande de agua. Hizo unas cuantas burbujas que saltaron graciosamente por la superficie. Sus franjas azules y blancas resplandecieron brevemente con un súbito y débil rayo de sol que inesperadamente logró pasar entre la niebla, haciendo que la criatura se calentara por un instante.

Marvin prosiguió su paseo.

-Me parece que estás pensando algo -dijo el colchón, chalpoteante.

-Más de lo que puedas imaginarte -repuso Marvin en tono sombrío-. Mi capacidad de actividad mental de todo tipo es tan ilimitada como la extensión infinita del espacio mismo. Descontando, por supuesto, mi capacidad de ser feliz.

Continuó con sus pasos pesados.

-Mi capacidad de ser feliz -prosiguió- cabe en una caja de cerillas sin quitar primero los fósforos.

El colchón porreteó. Ese es el ruido que hacen los colchones vivos que habitan en las marismas cuando la historia trágica de una persona les conmueve profundamente. Según el Diccionario Maximégalon ultracompleto de todas las lenguas que jamás existieron, esa palabra también puede significar el ruido que hizo el ilustre lord Sanvalvwag de Hollop al descubrir que había olvidado por segundo año consecutivo el aniversario de su esposa. Como sólo hubo un ilustre lord Sanvalvwag de Hollop, que nunca se casó, tal palabra sólo se emplea en sentido negativo o especulativo, y existe una corriente de opinión cada vez más fuerte que mantiene que el Diccionario ultracompleto de Maximégalon no vale la flota de camiones necesaria para transportar su edición microfilmada. Es bastante extraño que el diccionario omita la palabra «chalpoteante», que sencillamente significa «al modo de algo que chalpotea».

El colchón porreteó de nuevo.

-Noto un desaliento profundo en tus diodos -repasató (para el significado de la palabra «repasatar», adquiérase un ejemplar del Habla de los pantanos de Squornshellous en cualquier librería de saldo, o bien cómprese el Diccionario ultracompleto de Maximégalon, pues la Universidad se alegrará mucho de quitárselo de las manos y recuperar unos terrenos preciosos para estacionamiento de coches)-, y eso me entristece. Deberías ser más como los colchones. Nosotros llevamos una vida retirada en el pantano, donde nos sentimos felices de chalpotear, de repasatas y de considerar la humedad de manera bastante chalpoteante. A algunos nos matan, pero todos nos llamamos Zem, así que nunca sabemos quiénes son exterminados y de ese modo el porreteo se reduce al mínimo. ¿Por qué paseas en círculo?

-Porque tengo la pierna pegada -contestó sencillamente Marvin.

-Me parece -repuso el colchón, lanzándole una mirada compasiva- que es una pierna bastante inadecuada.

-Tienes razón -convino Marvin-, lo es.

-Bum -observó el colchón.

-Supongo que sí -dijo Marvin-; y también creo que encontrarás muy divertida la idea de un robot con una pierna artificial. Deberías contárselo después a tus amigos Zem y Zem,
cuando los veas; se reirán, si es que los conozco, que no los conozco, por supuesto, salvo en la medida en que conozco todas las formas de vida orgánica, que es mucho más de lo que yo desearía. Ja, mi vida no es más que un engranaje de tornillo sin fin.

Siguió caminando en un círculo reducido, en torno a su delgada pierna artificial de acero que daba vueltas en el barro pero que parecía clavada en él.

-Pero ¿por qué sigues dando vueltas y más vueltas? -preguntó el colchón.

-Sólo para dejar clara mi actitud -repuso Marvin sin dejar de dar vueltas.

-Considérala aclarada, querido amigo -frangolló el colchón-, considérala aclarada.

-Sólo un millón de años más -repuso Marvin-, sólo otro rápido millón. Luego tal vez lo intente al revés. Sólo para variar, ¿comprendes?

En el más profundo recoveco de sus muelles el colchón sintió que el robot deseaba ardientemente que le preguntara cuánto tiempo había estado caminando de aquella forma absurda e ínútil, y así lo hizo.

-Pues por encima del millón y medio, algo más -contestó Marvin en tono frívolo-. Pregúntame si me he aburrido alguna vez, vamos, pregúntame."

Douglas Adams, La vida, el universo y todo lo demás.

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