miércoles, 26 de octubre de 2011

Los efectos del encuadre





 
"Dentro de la psicología cognitiva, el ejemplo más famoso de los efectos del encuadre procede de un experimento de Amos Tversky y Daniel Kahneman, que plantearon el problema siguiente a una muestra de médicos: "se calcula que 600 personas morirán a causa de una nueva cepa de gripe. Se han diseñado dos programas para combatir la enfermedad." A continuación, a algunos de los médicos les planteaba el siguiente dilema:
Si se adopta el programa A, se salvarán 200 personas. Si se adopta el B, hay un tercio de probabilidades de que se salven las 600 personas y dos tercios de probabilidades de que no se salve nadie. ¿Por qué programa se decantaría usted?
Si el lector es como la mayoría de los médicos, escogerá el programa A, la opción segura, y no el B, el programa arriesgado. Al otro grupo de médicos se les presentó un dilema distinto:
Si se adopta el programa C, morirán 400 personas. Si se adopta el D. hay un tercio de probabilidades de que nadie fallezca, y dos tercios de probabilidades de que mueran las 600 personas. ¿Por qué programa se decantaría usted?
Si el lector es como la mayoría de los médicos que se enfrentaron a esta decisión, evitaría el programa C (la opción segura) y jugaría con el programa D (la opción arriesgada). Pero si se releen con cuidado los dos dilemas, se observará que las opciones son idénticas. Si con la ausencia de tratamiento morirían 600 personas, entonces salvar a 200 es lo mismo que perder 400, y no salvar a ninguna es lo mismo que perderlas a todas. Sin embargo, los médicos tomaron una decisión o la otra en función de cómo se enmarcara el menú de opciones. La diferencia esencial de la redacción de los dos dilemas aludía a una diferencia en las metáforas. Las personas que sobrevivían después de seguir un tratamiento se construían como una "ganancia" sobre lo que habría ocurrido si la epidemia se hubiera dejado sin tratamiento alguno, mientras que el conjunto de personas que morirían se consideraba una "pérdida" respecto a lo que ocurriría si la epidemia nunca se hubiera producido. De modo que se ha demostrado de forma independiente que las persona odian perder algo más de lo que disfrutan al ganarlo. Por ejemplo, no les importa pagar algo con tarjeta de crédito incluso cuando se les dice que si pagan al contado tendrán un descuento, pero odian pagar la misma cantidad si se les dice que hay un recargo si utilizan la tarjeta. En consecuencia, a menudo se niegan a jugar a conseguir un posible beneficio (rechazan apuestas del estilo "si sale cruz, ganas 120 dólares: si sale cara, pagas 100"), pero jugarían para evitar una posible pérdida (por ejemplo: "si sale cara dejas de deber 120 dólares; si sale cruz, debes 100 dólares más"). (Este tipo de conducta lleva de cabeza a los economistas, pero las entidades de inversión la estudian detenidamente, con la esperanza de usarla a su favor.) La combinación de la aversión a las pérdidas y los efectos del marco explica el paradójico resultado: la metáfora de la "ganancia" hizo que los médicos sintieran aversión al riego; la metáfora de la "pérdida" hizo que se prestaran a jugar."

Steven Pinker, El mundo de las palabras. Una introducción a la naturaleza humana.

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