viernes, 1 de julio de 2011

Pavoroso misterio de haber





A veces medito,
a veces medito, y medito más hondo, y aún más hondo
y todo el misterio de las cosas aparece para mí como aceite en la superficie,
y todo el universo es un mar de caras y de ojos cerrados hacia mí.
Cada cosa —un farol en la esquina, una piedra, un árbol—
es un ojo que me observa desde un abismo incomprensible,
y desfilan en mi corazón los dioses todos, y las ideas de los dioses.

¡Ah, que haya cosas!
¡Ah, que haya seres!
¡Ah, que haya forma de haber seres,
de haber haber,
de haber cómo haber haber,
de haber...!
¡Ah, que exista el fenómeno abstracto —existir,
haber conciencia y realidad—,
lo que quiera que esto sea...!
¿Cómo puedo expresar el horror que todo esto me causa?
¿Cómo puedo decir cómo es esto para que se sienta?
¿Cuál es el alma de que haya ser?

Ah, el pavoroso misterio de que exista la más pequeña cosa.
Por qué el pavoroso misterio de haber cualquier cosa
Por qué el pavoroso misterio de haber...

Fernando Pessoa


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