viernes, 3 de junio de 2011

Ten la seguridad de que llegarás







"-Minino de Cheshire -empezó, un poco tímidamente, ya que no sabía si le gustaba que le llamasen así; pero al Gato se le ensancho la sonrisa. "Vaya , de momento parece complacido", pensó Alicia, y prosiguió-: ¿Te importaría decirme, por favor, qué dirección debo tomar desde aquí?
-Eso depende en gran medida de adónde quieras ir -dijo el Gato.
-No me importa mucho adónde... -dijo Alicia.
-Entonces, da igual la dirección -dijo el Gato.
-...con tal de que llegue a alguna parte -añadió Alicia a modo de explicación.
-¡Ah!, ten la seguridad de que llegarás -dijo el Gato-, si andas lo bastante.
Alicia comprendió que eso era innegable, así que aventuró otra pregunta:
-¿Qué clase de gente vive por aquí?
-En esa dirección -dijo el Gato, haciendo un gesto amplio con la zarpa derecha -vive un Sombrerero; y en esa otra -hizo un movimiento con la otra zarpa-, una Liebre de Marzo. Ve a ver a quien quieras, los dos están locos.
-Pero yo no quiero andar entre locos -comentó Alicia.
-¡Ah, eso es algo que no puedes evitar! -dijo el Gato-; aquí estamos todos locos. Yo estoy loco. Y tú estás loca.
-¿Cómo sabes que yo estoy loca? -dijo Alicia.
-Tienes que estarlo -dijo el Gato-; de lo contrario no habrías venido aquí.
Alicia no creía que eso probara nada; sin embargo, continuó:
-¿Y cómo sabes que estás loco tú?
-Para empezar -dijo el Gato-, un perro no está loco. ¿Estás de acuerdo en eso?
-Supongo que sí -dijo Alicia.
-Bien continuó el Gato-: vemos que el perro gruñe cuando está enfadado, y que menea la cola cuando está contento. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento y meneo la cola cuando estoy enfadado. Por tanto, estoy loco.
-Yo a eso lo llamo ronronear, no gruñir -dijo Alicia.
-Llámalo como quieras -dijo el Gato-. ¿Vas a jugar al croquet con la Reina, hoy?"

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.


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