“Si tuviera valor, se dejaría llevar por el manso empuje de las escaleras mecánicas durante horas: llegaría al final del pozo inclinado, volvería a ascender, bajaría de nuevo, y así una y otra vez hasta gastar la mañana. Pero no se atrevió: al llegar al final de la cinta, se limitó a seguir la corriente de nucas anónimas, que le guiaron hasta su andén.”
Ricardo Gómez

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