martes, 28 de junio de 2011

Lo que queda cuando no queda nada







"Ahora en el pequeño saloncito queda lo que queda cuando no queda nada: por ejemplo, moscas, o prospectos que han echado los estudiantes por debajo de todas las puertas y que son propaganda de un nuevo dentífrico o prometen un descuento de veinticinco céntimos a quien compre tres paquetes de detergente, o números atrasados de Le Jouet francais, la revista que recibió todas su vida y cuya suscripción siguió funcionando hasta unos meses después de su muerte, o esas cosas insignificantes que andan tiradas por el suelo o por los rincones de los armarios, sin que se sepa cómo llegaron y cómo están aún allí: tres flores silvestres mustias, unos tallos fláccidos en cuyas extremidades se marchitan unos filamentos que se dirían calcinados, una botella de coca-cola vacía, una caja de pasteles, abierta, que todavía conserva su cinta de rafia falsa y en la que las palabras "Las delicias de Luis XV. Pastelería, Confitería fundada en 1742" dibujan un hermoso oval rodeado de una guirnalda con cuatro angelitos mofletudos a los lados, o, detrás de la puerta de la escalera, una especie de percha de hierro con un espejo rajado en tres porciones de superficies desiguales que esbozan vagamente la forma de una Y, en cuyo marco está aún metida una postal que representa una joven atleta, al parecer japonesa, que enarbola una antorcha encendida."

Geroges Perec, La vida instrucciones de uso.


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