domingo, 12 de junio de 2011

Cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho











“La semana anterior alguien se había llevado directamente de mi cuarto mi abrigo de pelo de camello con los guantes de piel metidos en los bolsillos y todo. Pencey era una cueva de ladrones. La mayoría de los chicos eran de familias de mucho dinero, pero aun así era una auténtica cueva de ladrones. Cuanto más caro el colegio más te roban, palabra. Total, que yo estaba allí junto a ese cañón absurdo mirando al campo de fútbol y pasando un frío de mil demonios. Sólo que no me fijaba mucho en el partido. Si seguía clavado al suelo, era por ver si me entraba una sensación de despedida. Lo que quiero decir es que me he ido de un montón de colegios y de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba. Y eso me revienta. No me importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego da más pena todavía.”


J.D. Salinger, El guardián entre el centeno.


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