viernes, 6 de mayo de 2011

La transformación del rosa masculino en rosa femenino






"Todos los que desprecian el rosa como color "típicamente femenino" encontrarán asombroso que, en tiempos pasadas, el rosa haya sido un color masculino. El diario financiero más famoso del mundo, The Financial Times, se imprime desde 1888 en papel rosado. También la Gazetta dello Sport, diario deportivo italiano leído casi exclusivamente por hombres, se imprime en papel rosado.
"Rosa para las niñas, azul celeste para los niños"; esta convención es tan conocida, que muchos piensan que siempre ha sido así. Pero esta moda nació alrededor de 1920. Y este reparto de colores para los recién nacidos contradice nuestro simbolismo, para el cual el rojo es masculino, y el rosa, el pequeño rojo, es el color de los niños varones pequeños.
Por eso, en los cuadros antiguos se solía puntar al Niño Jesús de color rosa, tanto en cuadros de siglo XIII como en cuadros del siglo XIX, en los que el Niño Jesús jamás aparece vestido de azul celeste.

En pinturas de Barroco se ven a menudo criaturas vestidas de pies a cabeza de color rosa. Y cuando aparecen con un yelmo en la cabeza y una espada a la cintura, nos parecen ejemplos inesperados de niñas que reciben una educación masculina, pero estas criaturas vestidas de rosa no son niñas, sino príncipes caracterizados mediante el rosa -el pequeño rojo- como futuros gobernantes.
El pintor de corte Franz Xaver Winterthaler pintó en 1846 a la reina Victoria con sus hijos. Uno de ellos, aún bebé, viste un largo vestido blanco con un fajín azul claro y un gorro guarnecido con lazos también azules -este bebé es una niña, la princesa Elena.
En otro  cuadro de Winterthaler vemos al hijo de la reina Victoria, Arturo, cuando era bebé, con vestido y gorrito con lazos rosas. En la época de la reina Victoria, a nadie se le habría ocurrido pensar que una criatura vestida de rosa tendría que ser una niña.


Hasta 1900, el color para las niñas y los niños pequeños era el blanco. Si su vestimenta llevaba lazos, éstos eran casi siempre rojos, pues según la tradición, los lazos rojos, protegían contra el mal de ojo. Niños y niñas llevaban hasta la edad de cinco años el mismo tipo de vestido, largo hasta los pies. Los peleles, actualmente prenda típica de los bebés, aparecieron en 1920. Y los patucos y zapatos infantiles eran de color blanco, marrón y rojo.
La moda de vestir a los niños de algún color fue popularizándose a partir de 1920, cuando ya era posible producir tintes resistentes al agua hirviendo. Y entonces se puesto de moda el color rosa para las niñas. Este cambio tuvo dos causas: cuando, después de la Primera Guerra Mundial, el color rojo desapareció de todos los uniformes militares, despareció también de la moda civil masculina, dejó de parecer lógico vestir a los niños pequeños de color rosa.
En esta época se produjo una verdadera revolución en la moda: la llamada "moda reformisa" liberó a las mujeres de los corsés y creó una moda específica para los niños. Antes, los niños vestían copias en miniatura de los trajes de los adultos. Ahora, niños y niñas llevarían los cómodos trajes y vestidos de marinero -teñidos con índigo artificial, el nuevo tinte, el mejor de todos. De los trajes de marinero, se derivó, con una lógica casi forzosa, el hecho de que el azul claro, o el azul en general, se convirtiese en el color de los niños. Como el color tradicionalmente contrario, el rosa se convirtió entonces en el color de las niñas.
En el "Museo de la Infancia" londinense puede verse, como por ejemplo más temprano de vestimena rosa para las niñas, una caja con seis pares de patucos y medias rosas, regalo que recibió en 1923 la princesa María antes del nacimiento de su primer hijo -además, naturalmente, de zapatos y medias azules-. La princesa sólo tuvo hijos varones, y legó al museo las prendas rosas, como ejemplo de los entonces nuevos colores para los bebés.
Cuando el rosa se convirtió en el color femenino, se convirtió también en color de discriminación. Durante la Segunda Guerra Mundial, los homosexuales que no podían satisfacer el ideal de la masculinidad fueron encerrados en campos de concentración, donde tenían que llevar como distintivo un triángulo rosa cosido a la ropa. El "triangulo rosa", o el color rosa, lo usan a menudo los homosexuales en sus actividades públicas como símbolo de la antigua opresión, aunque para ellos nunca ha sido un color positivo de identificación.
Hacia 1970, el rosa femenino se había impuesto en todos los países. No obstante, en aquellos lugares donde la tradición católica era grande, el azul claro, el color de la Virgen, siguió siendo durante cierto tiempo el color de las niñas. En la época en que el resistente tejido de perlón gozó de general aceptación, la moda de los colores para los bebés llegó a su punto culminante: todos los cochecitos estaban guarnecidos con volantes rosas o azules, y todos los bebés iban vestidos de azul o de rosa desde el gorrito hasta los zapatos.
Ya hacia 1980 empezó a desaparecer la costumbre de los dos colores. Por una parte por razones prácticas: los padres no querían esperar al nacimiento para comprar la ropa del color adecuado. Y en la moda adulta, los colores de las ropas masculinas y femeninas se parecían cada vez más, por lo que resultaba cada vez más extemporánea la distinción entre colores "típicamente masculinos" y colores "típicamente femeninos". Hoy, el uso de los colores ligados al seco en los bebés se va ya como una costumbre de un pasado gris.
Para terminar, una simpática explicación estadounidense de los dos colores: cuando la cigüeña- o algún otro ser celeste- trae a los niños, al aterrizar coloca a las niñas sobre capullos de rosas, y a los niños sobre repollos azulados."

Eva Heller, Psicología del color.



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