miércoles, 4 de mayo de 2011

Caballos, perros y mujeres









"Abundan las anécdotas sobre Schopenhauer en el Englisher Hof: se habla de su insaciable apetito, que lo llevaba a comer por dos (cuando alguien se lo señalo, contestó que también pensaba por dos),  del hecho de que pagaba doble para evitar que alguien se sentara a su lado, de su conversación brusca pero aguda, de sus frecuentes arranques de furia, de la lista negra de individuos con los cuales se nagaba a cruzar palabra, de su inclinación por hablar de temas inoportunos o escandalosos, como alabar en ese lugar un descubrimiento científico que le permitía evitar las infecciones venéreas sumergiendo el pene después del coito en una solución diluida en lejía en polvo.
Si bien le agradaba la conversación seria, rara vez encontraba comensales a los que estimara merecedores de su tiempo. En una época, solía poner una moneda de oro en la mesa apenas se sentaba, y la retiraba cuando se iba. Uno de los oficiales que almorzaban habitualmente en el lugar le preguntó cierta vez por qué  lo hacía. Schopenhauer respondió que estaba dispuesto a regalar la moneda a los pobres el día en que oyera que los oficiales hablaban de algo serio, en lugar de perorar eternamente sobre caballos, perros y mujeres. Durante la comida se dirigía a su perro faldero, Atman, tratándolo de "señor", pero cambiaba el trato por el de "¡Tú, humano!"cuando el perro se portaba mal.
Se cuentan muchas anécdotas sobre su agudísimo ingenio. Una vez, uno de los clientes del club le planteo una pregunta "Bueno pensaba que un gran sabio como usted lo sabia todo". Schopenhauer le contestó: "Ningún conocimiento es ilimitado; lo único que no tiene límites es la estupidez". Cualquier pregunta sobre las mujeres o el matrimonio suscitaba una respuesta amarga de su parte. Una vez, se vio obligado a soportar la compañía de una mujer muy charlatana que describió con todo lujo de detalles su desgraciado matrimonio. Él la escuchó con paciencia, pero cuando le preguntó si la comprendía, le contestó: "No, pero comprendo a su marido".
Según se cuenta, le preguntaron en otra ocasión si estaba dispuesto a casarse.
-No tengo intención de casarme porque sólo me acarrearía problemas.
-¿Por qué cree eso?
-Me pondría celoso porque mi mujer me engañaría.
-¿Por qué está tan seguro?
-Porque lo tendría merecido.
-No entiendo.
-Por haberme casado.
También usó palabras ácidas con respecto a los médicos, de quienes dijo una vez que escribían con dos letras distintas: una apenas legible para las recetas y otra clara y comprensible para las cuentas."

Irvin D. Yalom, Un año con Schopenhauer.


No hay comentarios:

Publicar un comentario