miércoles, 6 de abril de 2011

La tierra es un barco demasiado grande







"Novecento -Toda esa ciudad... no se veía el final.... El final, por favor, ¿sé podría ver el final?. Y el ruido. En esa mil veces maldita escalerilla... era muy hermoso, todo... y yo estaba impecable, con mi abrigo, me quedaba muy bien y no tenía dudas, estaba garantizado que bajaría, no había ningún problema. Con mi sombrero azul.
Primer peldaño, segundo peldaño, tercer peldaño.
Primer peldaño, segundo peldaño, tercer peldaño.
Primer peldaño, segundo.
No fue lo que vi lo que me detuvo. Fue aquello que no vi. ¿Lo puedes entender hermano?, es aquello que no vi... lo busqué pero no estaba, en toda esa ciudad desmesurada había de todo menos. Había de todo. Pero no había un final. Aquello que no vi es dónde terminaba todo eso. El final de mundo. ciudad había de todo menos un final. No había final. Lo que no vi fue dónde terminaba todo aquello. El final del mundo.
Piensa en cambio: un piano. Las teclas comienzan. Las teclas terminan. Sabes que son ochenta y ocho, en esto nadie puede joder. No son infinitas, ellas. Tú, eres infinito, y dentro de aquellas teclas, infinita es la música que puedes hacer. Ellas son ochenta y ocho. Tú eres infinito. Esto me gusta. Esto se puede vivir. Pero si tú. Pero si yo subo a esa escalerillas y delante de mí se desarrolla un teclado con millones de teclas, millones y billones. Millones y billones de teclas, que no terminan nunca y ésta es la verdadera verdad, que no terminan nunca y que ese teclado es infinito. Si ese teclado es infinito, entonces. En ese teclado no hay música que puedas tocar. Te has sentado sobre un banco equivocado: ése es el piano en el que toca Dios.
Cristo, ¿pero tú has visto esas calles?. Solamente de calles, allí había un millar, ¿cómo hacéis allá abajo para elegir una?. Para elegir una mujer. Una casa, una tierra que sea la vuestra, un paisaje que mirar, un modo de morir. Todo ese mundo. Ese mundo encima tuyo que ni siquiera sabes dónde termina. Ni cuánto hay de él. ¿Es que no os da miedo, a todos vosotros, terminar hechos pedazos solamente de pensar en ella, en esa enormidad, solamente e pensar en ella? En vivirla...
Yo he nacido en este barco. Y aquí el mundo pasaba, pero a razón de dos mil personas por vez. Y deseos los había también aquí, pero no más de los que podían caber entre una proa y una popa. Tocabas tu felicidad, en un teclado que no era infinito.
Yo he aprendido así. ¿La tierra? La tierra es un barco demasiado grande para mí. Es un viaje demasiado largo. Es una mujer demasiado bonita.  Es un perfume demasiado fuerte. Es una música que no sé tocar. Perdonadme. Pero no bajaré. (...)
Yo, que no había sido capaz de bajar de este barco, para salvarme me he bajado de mi vida. Peldaño tras peldaño. Y cada peldaño era un deseo. Por cada paso, un deseo al cual decía adiós.
No estoy loco, hermano. No estamos locos si encontramos una forma de salvarnos. Somos astutos como animales hambrientos. La locura no tiene nada que ver. Se trata del talento. Es geometría. Perfección. Los deseos me estaban arrancando el alma. Podría haberlos vivido, pero no lo logré. Lo que hice fue encantarlos."

Alessandro Baricco, Novecento.


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