viernes, 15 de abril de 2011

Es usted demasiado viejo








"Y pensar que, tras su primer encuentro con Nietzky, nada permitía prever que acabarían algún día siendo amigos. No puede quitarse de la cabeza que su encuentro de hace quince años en París tuvo ciertos paralelismos —sobre todo en lo referente a la diferencia de edad y a la antipática frase de despedida— con el encuentro que tuvo lugar en Dublín entre W. B. Yeats y James Joyce.
En aquel primer encuentro, después de haberle reprochado hasta lo más intachable de su política editorial, su futuro amigo Nietzky acabó diciéndole: «Podríamos haber coincidido en el tiempo, y hasta ser los dos los mejores de nuestra generación, yo como escritor y usted como editor. Pero no ha sido así. Usted es muy viejo ya, y se nota mucho.»
No se lo tuvo en cuenta, como tampoco, salvando todas las diferencias, le guardó rencor Yeats al jovencito Joyce cuando se conocieron en la sala de fumadores de un restaurante de O’Connell Street en Dublín, y el futuro autor de Ulysses, que acababa de cumplir veinte años, le leyó al poeta de treinta y siete un conjunto de excéntricas y breves descripciones y meditaciones en prosa, bellas pero inmaduras. Había abandonado la forma métrica, le dijo el joven Joyce, con el fin de obtener una forma tan fluida que pudiera responder a las oscilaciones del espíritu.
Elogió Yeats aquel esfuerzo, pero el joven Joyce, arrogante, le dijo: «Realmente no me importa si lo que hago le gusta o no. De hecho no sé por qué le estoy leyendo esto a usted.» Y luego, dejando su libro en la mesa, comenzó a detallar sus objeciones a todo lo que Yeats había hecho. ¿Por qué se había metido en política y, sobre todo, por qué había escrito acerca de ideas y por qué había condescendido a hacer generalizaciones? Todas estas cosas, le dijo, eran señales de un enfriamiento del hierro, del desvanecimiento de la inspiración. Yeats se quedó perplejo, pero luego se reanimó él solo. Pensó: «Es de la Royal University, y cree que todo ha sido resuelto por Tomás de Aquino, no debo preocuparme. Me he encontrado con muchos como él. Probablemente reseñaría bien mi libro si lo enviara a un diario.
Pero la autorreanimación flojeó cuando al cabo de un minuto el joven Joyce habló mal de Wilde, que era amigo de Yeats. Y al poco rato —esto último desmentido por el propio Joyce que lo enmarcaba en un «cotilleo de café» y decía que, en cualquier caso, sus palabras de despedida nunca tuvieron ese aire de desprecio que se desprende de la anécdota— se puso en pie, y mientras se retiraba, dijo: «Tengo veinte años, ¿usted qué edad tiene?» Yeats le respondió quitándose un año. Con un suspiro, Joyce agregó: «Es lo que suponía. Lo he conocido demasiado tarde. Es usted demasiado viejo.»"

Enrique Vila-Matas, Dublinesca.


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