martes, 19 de abril de 2011

Eric Bergstrom









"El dramaturgo sueco Eric Bergstrom abandonó su pequeña aldea en la montaña donde había vivido toda su vida y emigró a la bulliciosa vida de la capital. Pensaba que era hora de dar un paso adelante en su vida y a los 86 años dejó su hogar y su empleo de horticultor y decidió ser autor de teatro.


Siguió en contacto a través del correo electrónico con su amor de toda la vida -la señora de Bergstrom, quien quedó en el pueblo a cargo de las gallinas- y alguna comunicación esporádica con sus padres que nunca respondieron porque habían muerto veinte años atrás.

Desafortunadamente, su mujer, que seguía viva, o al menos eso decían las malas lenguas, tampoco le respondió nunca. Pudo influir el hecho de que nunca tuvo mail. Casi medio siglo después, un fontanero de Minnesota que recibió toda esta correspondencia por error, la ha donado a la Fundación Bergstrom a cambio de una tostadora eléctrica, lo que nos permite disfrutar a nosotros de los escritos de Bergstrom y al fontanero de pan tostado.

Reproducimos a continuación algunos de los correos mas significativos que pueden ayudarnos a comprender la controvertida figura del conocido autor sueco.

Querida señora Bergstrom:

En todo el tiempo que llevo en este país, aproximadamente unas 4 horas, he sido bien tratado por todos, si exceptuamos al taxista que aprovechó cuando pasábamos por una calle abandonada para atracarme y al policía al que pedí auxilio que me dio una paliza por no llevar los papeles, pues me los acababan de robar. Sin embargo, como no guardo ningún rencor y me maravilla esta urbe, deseo que mis cenizas se esparzan a lo largo de esta agreste península y para que así se haga, estoy buscando a alguien que se ofrezca a ir recogiéndolas del cenicero cada vez que fume.

Por lo demás, todo bien. Te echo mucho de menos a ti y a dos de las gallinas.

Tuyo sinceramente,
Eric

La primera epístola mantiene un tono claramente distante y formal, propio del momento en que se encontraba el dramaturgo. Hacía solo unos meses que había decidido romper con todo, había roto con la ciudad que le había acogido durante toda su vida, había roto con una relación de casi cincuenta años, había roto con su pasado, que le había acompañado hasta el presente e incluso acababa de romperse un tobillo durante una caída mientras se mudaba. Era una época de rupturas.


* * * * *

Querida señora Bergstrom:

Mis aventuras en la capital del reino se complican, multiplican y fructifican. El ordenador se niega a mantener una relación estable conmigo, y entre la cocina y yo hay un abismo religioso que no sé si podremos salvar. Yo la quiero, pero ella guarda sus favores para cualquier otro con más experiencia y menos entusiasmo. El trabajo bien. O eso me cuenta la gente, porque yo sigo sin tener. Estoy leyendo la biografía de Chejov y él a mi edad tenía más pelo. Eso me deprime. La casera insiste en que le pague o, en su defecto, que me acueste con ella. Sabes que tengo por norma no besar a personas con más vello facial que Stalin, aunque como no sé decir que no, quizá tenga que enviarte invitaciones para mi boda en un par de horas.
Me gustaría que mantuviéramos una cibercorrespondencia y que publicaras estas cartas cuando me haga famoso o después de mi suicidio. Lo que ocurra antes. Te enviaría un beso pero la pantalla está un poco sucia. Espero poder dártelo en persona.

Tuyo sinceramente,
Eric

Podemos observar en este escrito pequeños apuntes que contradicen la biografía no autorizada que sobre el autor realizó su vecino Vladimir Bolasvsky «Bergstrom y la madre que lo parió» donde describe el romance con su casera como una relación puramente sexual. Las referencias a Chejov y Stalin evidencian su preferencia por la literatura rusa y los dictadores con bigote.

* * * * *

Querida señora Bergstrom:

Te envío esta misiva electrónica que espero tampoco llegues a leer porque tampoco tengo nada especial que escribir. El otoño acaba de empezar en la ciudad. El tiempo está nublado y amenaza lluvia. La lluvia me deprime. El sol también, pero la lluvia además me moja y puedo caer enfermo o incluso morir de pulmonía. Quizá no sea tan negativa. Trabajo no me falta. Dinero sí. Amor tengo todo el que pueda proporcionarme yo mismo. Pero como no tengo dinero tampoco es mucho. Mi salud mejorará. Estoy siguiendo un régimen a base de alcohol, nicotina, drogas y malvivir. Estoy seguro de que en el momento que lo deje, mejoraré. Creo que he confirmando que la casera me odia. Quizá no se tomó bien que vomitase sobre su gato, pero te juro que no fue mi intención. De todas formas yo creo que eso solo fue la excusa. Tengo un talento especial para ser odiado. Quizá debiera aprovecharlo y montar una empresa.

Podría contarte cosas que te encantaría saber pero el correo electrónico no es un lugar seguro y además serían casi todas mentira. No hagas caso de lo que dicen los periódicos. Entre mi compañero de piso y yo solo hay una buena amistad.

Tuyo sinceramente
Eric

Confirmamos en esta carta la existencia de un compañero de piso de identidad desconocida o bien del primer brote esquizofrénico en el dramaturgo. Conociendo la habitual tacañería de Bergstrom suponemos que, de ser un delirio, le obligaría igualmente a pagar la mitad del alquiler (...)."


 Pepe Macías, Veinte relatos de humor y una canción desafinada. Vía.



No hay comentarios:

Publicar un comentario