miércoles, 23 de marzo de 2011

Y si es una imagen alegre sonríen y si es una imagen triste lloran






"Cuando era pequeño y fui por primera vez al colegio, mi profesora se llamaba Julie, porque Siobhan no había empezado aún a trabajar en el colegio. Empezó a trabajar en el colegio cuando yo tenía doce años.
Y un día Julie se sentó en el pupitre al lado del mío y puso un tubo de caramelos Smarties sobre el pupitre, y dijo:
—Christopher, ¿qué crees tú que hay aquí dentro?
Y yo dije:
—Smarties.
Entonces le quitó la tapa al tubo de Smarties y lo inclinó y de él salió un pequeño lápiz rojo, y Julie rió y dijo:
—No son Smarties, es un lápiz.
Entonces volvió a meter el lápiz rojo dentro del tubo de Smarties y volvió a ponerle la tapa. Entonces dijo:
—Si tu mami entrase ahora y le preguntásemos qué hay dentro del tubo de Smarties, ¿qué crees tú que diría? —porque entonces yo solía llamar a Madre Mami, no Madre.
Y yo dije:
—Un lápiz.
Eso era porque cuando era pequeño no entendía que las demás personas tuviesen mentes. Y Julie les dijo a Madre y a Padre que eso siempre me sería muy difícil. Pero ahora no me resulta difícil. Porque decidí que era una especie de rompecabezas, y si algo es un rompecabezas siempre hay una manera de resolverlo.
Es como los ordenadores. La gente cree que los ordenadores son diferentes de las personas porque no tienen mentes, incluso aunque, en el test de Turing, los ordenadores pueden tener conversaciones con las personas sobre el clima y los vinos y sobre cómo es Italia, y hasta pueden contar chistes. Pero la mente no es más que una máquina complicada.
Y cuando miramos las cosas pensamos que estamos simplemente mirándolas desde nuestros ojos como si mirásemos a través de pequeñas ventanas y que hay una persona dentro de nuestra cabeza, pero no es así. Estamos mirando una pantalla dentro de nuestra cabeza, como la pantalla de un ordenador.
Y esto se sabe por un experimento que vi en la tele, en una serie llamada Cómo funciona la mente. Y en ese experimento fijas la cabeza en una abrazadera y miras una página escrita en una pantalla. Parece una página escrita normal en la que nada cambia. Pero al cabo de un rato, cuando tus ojos se mueven por la página te das cuenta de que pasa algo muy raro, porque cuando tratas de leer un trozo de la página que ya has leído éste es diferente.
Y eso pasa porque cuando tu mirada va rápidamente de un punto a otro no ves nada en absoluto y estás ciego. Y esos movimientos rápidos se llaman sacádicos. Porque si cuando tu mirada va rápidamente de un punto a otro lo vieras todo, te marearías. Y en el experimento hay un sensor que capta cuándo tu mirada se desplaza de un sitio a otro, y cuando lo hace cambia algunas de las palabras de la página en un sitio que no estés mirando.
Pero tú no te das cuenta de que estás ciego entre los movimientos sacádicos porque tu cerebro llena la pantalla que hay en tu cabeza para que parezca que estás mirando a través de dos ventanitas. Y no te das cuenta de que han cambiado palabras en otra parte de la página porque tu mente aporta una imagen de las cosas a las que no miras en ese momento.
Y las personas son distintas de los animales porque pueden ver imágenes en la pantalla de su cabeza de cosas que no están mirando. Pueden ver imágenes de alguien en otra habitación. O de lo que va a pasar mañana. O pueden verse a sí mismos convertidos en astronautas. O imaginar cifras realmente grandes. O series de razonamientos cuando tratan de deducir algo.
Y por eso un perro al que el veterinario le ha hecho una operación realmente importante y tiene clavos que le salen de la pata si ve un gato se olvida de que tiene clavos saliéndole de la pata y corre tras él. Pero cuando a una persona la operan tiene una imagen en la cabeza del dolor que sentirá durante meses y meses. Y tiene una imagen de todos los puntos que le han dado en la pierna y del hueso roto y de los clavos e incluso aunque vea que se le escapa el autobús no corre porque tiene una imagen en su cabeza de los huesos aplastándose y crujiendo, y de los puntos soltándose y de más dolor aún.
Y por eso la gente cree que los ordenadores no tienen mentes, y por eso la gente cree que sus cerebros son especiales y diferentes de los ordenadores. Porque la gente puede ver la pantalla dentro de su cabeza y cree que hay alguien ahí sentado en su cabeza mirando la pantalla, como el capitán Jean-Luc Picard en Star Trek: La nueva generación, sentado en su asiento de capitán contemplando una gran pantalla. Y la gente cree que esa persona es su mente humana especial que se llama «homúnculo», que significa «hombrecito». Y cree que los ordenadores no tienen ese homúnculo.
Pero ese homúnculo no es más que otra imagen en la pantalla en su cabeza. Y cuando el homúnculo está en la pantalla en su cabeza (porque la persona está pensando en el homúnculo) hay otra parte del cerebro observando la pantalla. Y cuando la persona piensa en esa parte del cerebro (la que está observando al homúnculo en la pantalla) pone esa parte del cerebro en la pantalla y hay una nueva parte de cerebro observando la pantalla. Pero el cerebro no ve cómo ocurre eso porque es como la mirada que va rápidamente de un sitio a otro. Cuando se pasa de pensar en una cosa a pensar en otra es como estar ciego.
Y por eso los cerebros de la gente son como ordenadores. Y no es porque sean especiales, sino porque tienen que estar desconectándose constantemente durante fracciones de segundo mientras la pantalla cambia. Y es porque hay algo que no pueden ver que la gente cree que tiene que ser especial, porque la gente siempre piensa que hay algo especial en lo que no puede ver, como el lado oculto de la Luna, o el otro lado de un agujero negro, o en la oscuridad cuando se despierta por la noche y tiene miedo.
Además las personas creen que no son ordenadores porque tienen sentimientos y los ordenadores no tienen sentimientos. Pero los sentimientos no son más que tener una imagen en la pantalla en tu cabeza de lo que va a pasar mañana o el año que viene, o de lo que podría haber pasado en lugar de lo que ocurrió en realidad, y si es una imagen alegre sonríen y si es una imagen triste lloran."

Mark Haddon, El curioso incidente del perro a medianoche.



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