miércoles, 23 de marzo de 2011

Si aquí el silencio es casi total, no lo es del todo








"De los ruidos que me llegan se desprende con toda claridad que no estoy completamente sordo. Pues si aquí el silencio es casi total, no lo es del todo. Recuerdo el primer ruido que oí en este lugar y que después he oído con frecuencia. Pues debo suponer un comienzo a mi estancia aquí, aunque sólo fuera para comodidad del relato. El infierno mismo, aunque eterno, data de la rebelión de Lucifer. Así pues, me será permisible, a la luz de esa remota analogía, creerme aquí para siempre, aunque no desde siempre. He aquí lo que va a facilitar singularmente mi exposición. La memoria sobre todo, cuyo empleo creí que debía vedarme, tendrá que decir algo, si la ocasión se presenta. Hay, tirando por lo bajo, mil palabras con las cuales no contaba. A lo mejor las necesito. Así pues, tras un período de silencio inmaculado, se oyó un débil grito. No sé si Malone lo oyó también. Quedé sorprendido: la palabra no es demasiado fuerte. Tras silencio tan prolongado, un breve grito, ahogado en seguida. Imposible saber qué clase de criatura lo emitió y lo emite siempre, si es la misma, de tarde en tarde. Como quiera que sea, no es un ser humano; no hay seres humanos aquí, o, si los hay, dejaron de gritar. ¿Es Malone el culpable? ¿Lo soy yo? ¿No será una simple ventosidad? Las hay desgarradoras. Deplorable manía, cuando ocurre algo, querer saber qué es. Si al menos no tuviera la obligación de manifestarlo. ¿Y por qué hablar de grito? Tal vez sea una cosa que se rompe, dos cosas que entrechocan, Aquí hay ruidos, de tanto en tanto. Que baste eso. Para empezar, este grito, ya que fue el primero. Y otros, bastante diferentes. Empiezo a conocerlos. No los conozco todos. Se puede morir a los setenta años sin haber tenido nunca la posibilidad de admirar el cometa de Halley."

Samuel Beckett, El innombrable.


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