"Está ahora más que concentrado, como si fuera un samurái antes de partir hacia un largo viaje. Está en posición de hikikomori, pero haciendo caso omiso de la pantalla y adentrándose por un camino interior, paseándose por algunos recuerdos, por la memoria de sus antiguas lecturas de Ulysses. Dublín está al fondo del camino y resulta agradable acordarse de la vieja música de aquel libro espléndido que leyó en su momento con una mezcla de estupor y fascinación. No está muy seguro, pero diría que Bloom, en el fondo, tiene muchas cosas de él. Personifica al clásico forastero. Tiene ciertas raíces judías, como él. Es un extraño y un extranjero al mismo tiempo. Bloom es demasiado autocrítico consigo mismo y no lo suficientemente imaginativo para triunfar, pero demasiado abstemio y trabajador para fracasar del todo. Bloom es excesivamente extranjero y cosmopolita para ser aceptado por los provincianos irlandeses, y demasiado irlandés para no preocuparse por su país. Bloom le cae muy bien."
Enrique Vila-Matas, Dublinesca.

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