miércoles, 15 de diciembre de 2010

El hombre de la azada




Agobiado por el peso de los siglos,
se apoya en la azada y mira el suelo,
el vacío insondable en los ojos,
y en el hombro la carga del mundo.
¿Quién le privó de gozo y desaliento
y le hizo inmune al pesar y la esperanza,
un ser que, como el buey, es flema y pasmo?
¿Quién dejó así abierta la brutal boca?
¿De quién fue la mano que sesgó su frente?
¿De quién el soplo que extinguió sus luces?

¿Es éste el ser a quien el Señor hizo y otorgó
el dominio de tierras y mares,
seguir los astros, buscar el poder de los cielos,
sentir pasión por lo Eterno?
¿Es éste el sueño de quien formó los soles
y en el vacío atemporal trazó sus rutas?
Ni en la última sima de todas las grutas del averno
hay forma humana más terrible que ésta,
más clamante contra la ciega codicia del mundo,
más llena de negros augurios para el alma,
más cargada de peligro para el universo.

¡Qué abismos le separan de los serafines!
Esclavo de la brega cotidiana,
¿qué es Platón para él, y el vaivén de las Pléyades?
¿Qué las inmensidades de las cimas sonoras,
la rendija del alba, el arrebol de la rosa?
A través de esta forma espantosa mira un padecer de siglos;
la tragedia del tiempo habita en su doliente encorvadura;
a través de esta forma espantosa, la humanidad
engañada, expoliada, profanada y desheredada
grita su protesta a las Potencias que hicieron el mundo,
una protesta que es también profecía.

Oh, dueños y señores, dirigentes del orbe,
¿es ésta la obra que dais a Dios,
este monstruoso ser deforme con el alma a oscuras?
¿Cómo conseguiréis enderezar su forma,
bañarlo nuevamente de inmortalidad,
devolverle la mirada alta, la luz,
reponer en él la música y el sueño,
corregir las inmemoriales infamias,
las pérfidas ofensas, los incurables males?

Oh, dueños y señores, dirigentes del orbe,
¿cómo tratará el futuro con este Hombre?
¿Cómo responderá a su brutal pregunta cuando
el torbellino de la rebelión sacuda la tierra?
¿Qué será entonces de reinos y reyes,
de quienes lo moldearon en el ser que es,
cuando este mudo Terror se alce para juzgar al mundo,
tras el silencio de los siglos?





The man with the hoe


Bowed by the weight of centuries he leans
Upon his hoe and gazes on the ground,
The emptiness of ages in his face,
And on his back, the burden of the world.
Who made him dead to rapture and despair,
A thing that grieves not and that never hopes,
Stolid and stunned, a brother to the ox?
Who loosened and let down this brutal jaw?
Whose was the hand that slanted back this brow?
Whose breath blew out the light within this brain?

Is this the Thing the Lord God made and gave
To have dominion over sea and land;
To trace the stars and search the heavens for power;
To feel the passion of Eternity?
Is this the dream He dreamed who shaped the suns
And marked their ways upon the ancient deep?
Down all the caverns of Hell to their last gulf
There is no shape more terrible than this -
More tongued with cries against the world’s blind greed -
More filled with signs and portents for the soul -
More packed with danger to the universe.

What gulfs between him and the seraphim!
Slave of the wheel of labor, what to him
Are Plato and the swing of the Pleiades?
What the long reaches of the peaks of song,
The rift of dawn, the reddening of the rose?
Through this dread shape the suffering ages look;
Time’s tragedy is in that aching stoop;
Through this dread shape humanity betrayed,
Plundered, profaned and disinherited,
Cries protest to the Powers that made the world,
A protest that is also prophecy.

O masters, lords and rulers in all lands,
Is this the handiwork you give to God,
This monstrous thing distorted and soul-quenched?
How will you ever straighten up this shape;
Touch it again with immortality;
Give back the upward looking and the light;
Rebuild in it the music and the dream;
Make right the immemorial infamies,
Perfidious wrongs, immedicable woes?

O masters, lords and rulers in all lands,
How will the future reckon with this Man?
How answer his brute question in that hour
When whirlwinds of rebellion shake all shores?
How will it be with kingdoms and with kings -
With those who shaped him to the thing he is -
When this dumb Terror shall rise to judge the world,
After the silence of the centuries?


Edwin Markham



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