domingo, 28 de noviembre de 2010

XVI. La tapa






Adonde quiera que vaya, por mar o por tierra,
bajo un clima de llamas o bajo un sol blanco,
servidor de Jesús, cortesano de Citera, 
mendigo tenebroso o Creso rutilante,

habitante de ciudad o aldea, errante o sedentario,
con su pobre cerebro ya activo ya lento,
el hombre vive siempre con el temor del misterio
y sólo temblando mira hacia lo alto.

¡A lo alto, al Cielo! esa bóveda de tumba que le ahoga, 
techo iluminado de un teatro burlesco
donde cada histrión pisa un suelo ensangrentado;

terror del libertino, esperanza del eremita loco:
¡el Cielo!, la tapa negra de la olla enorme
en donde hierve la imperceptible y vasta Humanidad

Charles Baudelaire, La flores del mal




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