lunes, 15 de noviembre de 2010

Por favor, no vuelva a pulsar este botón







"Arthur escuchó durante un rato, pero como era incapaz de entender la mayor parte de las palabras de Ford, empezó a dejar vagar la imaginación mientras pasaba los dedos por el borde de una fila de incomprensibles cerebros electrónicos; alargó la mano y pulsó un atractivo botón, ancho y rojo, de un panel que tenía cerca. El panel se iluminó con las palabras: Por favor, no vuelva a pulsar este botón. Se estremeció.
- Escucha -le dijo Ford, que continuaba enfrascado en el folleto comercial-, dan mucha importancia a la cibernética de la nave. Una nueva generación de robots y cerebros electrónicos de la Compañía Cibernética Sirius, con la nueva característica APP.
- ¿Característica APP? -repitió Arthur-. ¿Qué es eso?
-Eso significa Auténticas Personalidades Populares.
- ¡Ah! -comentó Arthur-. Suena horriblemente mal.
- En efecto -dijo una voz a sus espaldas.
La voz tenía un tono bajo y desesperado, y venía acompañada de un ruido metálico. Se volvieron y vieron encogido en el umbral a un execrable hombre de acero.
- ¿Qué? -dijeron ellos dos.
- Horrible -prosiguió Marvin-, absolutamente. Horrible del todo. Ni siquiera lo mencionéis. Mirad esta puerta -dijo al cruzarla. Los circuitos de ironía se incorporaron al modulador de su voz mientras imitaba el estilo del folleto comercial-. Todas las puertas de la nave poseen un carácter alegre y risueño. Tienen el gusto de abrirse para ustedes, y se sienten satisfechas al volver a cerrarse con la conciencia del trabajo bien hecho. Cuando la puerta se cerró tras ellos, comprobaron que efectivamente hizo un ruido parecido a un suspiro de satisfacción.
- ¡Aahhhmmmmmmmmmyammmmmmmmah! -dijo la puerta.
Marvin la miró con odio frío mientras sus circuitos lógicos parloteaban disgustados y consideraban la idea de ejercer la violencia física contra ella. Otros circuitos terciaron diciendo: ¿para qué molestarse? ¿Qué sentido tiene? No merece la pena interesarse por nada. Otros circuitos se divertían analizando los componentes moleculares de la puerta y de las células cerebrales del humanoide. Insistieron un poco midiendo el nivel de las emanaciones de hidrógeno en el parsec cúbico de espacio circundante, y luego se desconectaron aburridos. Una punzada de desesperación sacudió el cuerpo del robot mientras se daba la vuelta.
- Vamos -dijo con voz monótona-. Me han ordenado que os lleve al puente. Aquí me tenéis, con el cerebro del tamaño de un planeta y me piden que os lleve al puente. ¿Llamaríais a eso un trabajo satisfactorio? Pues yo no.
Se volvió y cruzó de nuevo la odiada puerta."

Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico (pdf)


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