martes, 16 de noviembre de 2010

El desatento tampoco ve












"Un hombre caminaba apresuradamente por la noche cuando al doblar una esquina tropezó con otro que se alumbraba con un farol.
En el momento de ir a increparlo, se dio cuenta de que era ciego.
-¿Para qué demonios vas con un farol si eres incapaz de ver nada? -preguntó el hombre apresurado.
-¡Para que puedan verme y no tropiecen conmigo los tontos como tú! -replicó el ciego."

Vázquez y CalleLos 120 mejores cuentos de las tradiciones espirituales de Oriente.(doc




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